La mayoría de las personas van por el mundo hambrientas de amor y de aceptación. La Madre Teresa tenía la razón cuando dijo: “en el mundo hay más hambre por amor y por ser aceptados que por pan”. Brindar una sonrisa o ser amables con un desconocido es una forma de expandir el amor por el mundo. En nuestro hogar o lugar de trabajo podemos irradiar la frecuencia del amor con la forma en que tratamos a nuestros compañeros y familiares. Si nuestro oficio incluye relacionarnos directamente con los clientes, podemos convertir esa labor en una oportunidad magnífica para ser mensajeros del amor. La gente ya tiene demasiados conflictos en sus casas como para que los tratemos con desprecio o arrogancia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario