Así como una vela puede encender a miles sin perder su propia luz, nosotros también estamos hechos para compartir. Cada palabra amable, cada gesto de apoyo y cada acto de amor enciende nuevas llamas en quienes nos rodean. La felicidad no es un recurso que se agota, es una energía que se multiplica. Al darla, nos descubrimos más plenos, más conectados y más vivos.
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