Casa perfecta, carrera perfecta, familia perfecta, cuerpo perfecto, vida perfecta…
Déjame decirte algo: no existe.
La casa que ves hermosa está llena de luchas, noches en vela y, a veces, de dolor.
La carrera que admiras con lágrimas en los ojos no es lo que parece: está hecha de sacrificios, fracasos y decepciones.
La familia que parece tan unida también tiene discusiones y momentos en los que parece que todo se rompe… pero la sostienen el amor, la voluntad y esa certeza de que no pueden vivir los unos sin los otros.
El cuerpo que ves tan bello está marcado por renuncias, dolores y esa sensación de que nunca es suficiente.
¿Sabes qué es lo perfecto?
Lo que llevas dentro.
Lo que haces de corazón. No importa cuánto, no importa dónde estés ni cuál sea tu sueño.
Lo importante es que vives. Y si lo haces con la cabeza en alto, aceptando que el simple hecho de existir ya es un milagro, entonces ahí está la perfección.
La tuya
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