No vuelves al pasado porque quieras.
Vuelves porque algo en tu cuerpo aún pide ser visto.
Las memorias no resueltas no viven solo en la mente:
viven en la tensión, en el cansancio, en el nudo del pecho,
en la ansiedad que aparece “sin razón”.
El cuerpo trae la experiencia al presente no para castigarte,
sino para darte una nueva oportunidad de liberarla.
De sentir lo que antes no pudo sentirse.
De soltar lo que quedó atrapado en supervivencia.
Sanar no es revivir la herida.
Es permitir que el cuerpo complete lo que quedó inconcluso.
Cuando escuchas al cuerpo, el pasado deja de repetirse
y empieza, por fin, a transformarse.
ocurre en la presencia.
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