sábado, 31 de enero de 2026

NO TE EMPEÑES EN IMPOSIBLES (Por Javier Lopez)

 

No te empeñes: es imposible. Nunca podrás complacer ni satisfacer a todos (y aún menos cuando te alinees contigo mismo, pues alinearse implica disgustar a muchos). Se trata de un mandato familiar y "espiritual" que confunde a bastantes personas: "Tengo que complacer", "tengo que agradar", "tengo que actuar así o asá para que no se molesten", "tengo que sonreír aunque no me apetezca", "tengo que ser bueno y causar siempre una buena impresión", "tengo que dar la opinión que al otro le gusta", "soy espiritual, y una persona espiritual siempre complace, ayuda y hace felices a todos"... y un largo etcétera de incoherencias que nos mantienen en un estado permanente de inmovilismo y tibieza.
Hoy voy a ser más claro que nunca. Tú no has venido aquí a complacer. Ni a que los demás estén contentos (o felices). Observa qué reacciones hay en tu cuerpo y en tu mente a medida que vas leyendo, pues seguramente llevas incrustado este patrón desde una edad muy temprana. ¿Sabes quién es la persona que tiene que estar contenta y feliz? TÚ. Si no lo estás, ya va siendo hora de que te replantees las cosas. De que vuelvas a ti mismo. De que enfoques la situación desde una perspectiva coherente, sustentada en tu propia elección y tus propias necesidades, no en las necesidades, las creencias y los dogmas de otros.
¿Sabes cuál es el propósito de los demás? El mismo que el tuyo: descubrirse a sí mismos, responsabilizarse de su vida, alinearse con lo que aman y realizarse A TRAVÉS DE SU PROPIO SER. Te lo he puesto en mayúsculas para que lo veas claro: SU PROPIO SER. Y eso no depende de ti. Depende de ellos. De ELLOS. Su felicidad depende de ellos. Su realización depende de ellos. Que se alineen con ellos mismos y alcancen una vida plena depende en última instancia de ellos... Que no sean capaces de ser felices NO es culpa tuya (¡sorpresa!). Y, del mismo modo, que tú seas feliz y te realices tampoco depende de nadie. Solo de ti.
Así que reflexiona... Si la felicidad del otro depende de él mismo, ¿tiene sentido que necesites complacerlo y agradarle siempre? ¿Tiene sentido que el otro te imponga esa obligación? ¿Tiene sentido que creas que su bienestar depende en gran parte de ti? Claro que no lo tiene, aunque te hayan enseñado otra cosa y al otro (seguramente experto en victimismos, culpabilidades y en no asumir su responsabilidad) le interese que siga siendo así. Somos autómatas del "hacer felices a los demás", dejando casi siempre de lado nuestra propia felicidad. Y esto es sacrificio. Infelicidad propia voluntaria. Y no es sano ni saludable para nadie. De hecho, es la raíz de las relaciones tóxicas. Veámoslo de una vez. Tomemos conciencia. Responsabilicémonos. Ayudemos, por supuesto, cuando lo creamos conveniente. Pero no asumamos cargas "espirituales" incoherentes que no nos corresponden ni caigamos en el pozo sin fondo de insatisfacción e inconsciencia de los demás. No es nuestra misión ni nuestro objetivo aquí, y cuanto antes lo tengamos claro antes nos realizaremos.
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Javier López Alhambra

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