Hablemos de la comparación.
Me tomó alrededor de 3 años escribir mi libro. Cada vez que me sentaba a
escribir una voz interna me decía: no eres esto, no eres lo otro, ¿por
qué molestarte en escribir algo así?
Así que dejaba de escribir y me sentía mal por mi misma hasta que volvía
a encontrar el coraje para escribir de nuevo, solo para terminar en el
mismo ciclo mental. 
No era un ciclo divertido. 
Pero recuerdo escuchar por primera vez una famosa frase budista que dice: “La comparación es el mayor ladrón de alegría.”
Y me impactó 
Esa frase explicaba porqué me sentía tan fuera de lugar, tan inadecuada
cuando escribía mi libro y en muchos otros aspectos de mi vida.
Estaba consciente e inconscientemente comparándome, y el sentimiento de
escasez, de no ser suficiente, me hacía caer en ese juego de sentirme
más que, menos que o tratar de ser igual que alguien más. 
Luego tuve una experiencia espiritual muy profunda.
Un día mi alma me dijo: “la comparación es una pérdida de tu propia y
única divinidad, si queremos terminar ese libro, si queremos hacer
cualquier cosa en esta vida, tenemos que dejar de comparar.”
Y entonces dije, ok, entiendo, ¿pero CÓMO?
Así empecé mi búsqueda para entender cómo dejar la comparación, y esto es lo que he descubierto en los últimos años:
Para ser completamente honesta contigo, algunas veces aún me encuentro a
mi misma comparando, pero en la medida en que mi consciencia continua
expandiéndose puedo darme cuenta muy rápidamente cuando lo estoy
haciendo, y con la misma rapidez me perdono y comienzo de nuevo.
¡Y así es! Cuanto más lo haces, se vuelve más fácil no comparar. Y la vida se torna más dulce y abundante.
Salud por nuestra extraordinaria originalidad 
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