Hola gente, aquí les comparto algunas ideas que creo que pueden ser de ayuda cuando hemos de hacer frente a la despedida de alguna persona querida, es un tema muy delicado, pero creo que es necesario porque según aprecio hay bastante desconocimiento en general respecto al mismo, y por lo general se suele reaccionar según tradiciones y costumbres establecidas desde tiempos pasados, cuando la espiritualidad estaba en buena parte censurada y condicionada a los adoctrinamientos de las "formas religiosas oficiales", y a causa de esta realidad, hay personas que se lo pasan muy mal cuando tienen que afrontar la pérdida de alguno de sus seres queridos.
Yo pido disculpas anticipadas porque tengo que expresar lo que siento y lo que se al respecto, y difiere bastante de lo que nos han enseñado y hemos observado en la sociedad, pero al día de hoy es así como yo lo veo, lo vivo y lo siento.
En entradas anteriores ya he hecho referencia al tema de lo que entiendo por la muerte, que en realidad no existe tal muerte, sino un cambio de forma de vida en un lugar adecuado a la condición de "seres espirituales" e imperceptible para nuestros cinco sentidos físicos, es como volver a nacer en un mundo diferente a este en el que ahora estamos, y en el que ya estábamos antes de venir en la condición de seres humanos.
Existen tradiciones y costumbres muy generalizadas, y en algunos casos casi impuestas, de comportamientos y formas de actuar cuando marcha alguno de nuestros seres allegados, ya está estipulado como hemos de actuar si queremos quedar bien ante la opinión pública, ocurre un tanto como en los bautizos, comuniones, casamientos, etc., que nos empleamos a fondo en lo que son las formas y apariencias, y el fondo o motivo real del acontecimiento queda en segundos o terceros planos.
Yo he asistido a muchas bodas, y la mayor parte del interés popular estaba orientado a lo bien o mal vestidos que iban los novios, los padrinos, de cómo estaba de adornada la iglesia, del reportaje de bodas, del lugar en que se celebra el banquete, del menú del banquete, etc., y lo que era el motivo real del acontecimiento permanecía ausente.
Este ejemplo es válido para casi todos los acontecimientos, siempre estamos muy pendientes de la imagen que estamos ofreciendo, y del qué dirán y qué pensaran, de impresionar, por eso tenemos que actuar como los demás esperan que lo hagamos, si somos sinceros y espontáneos sin tener en cuenta los protocolos y formas populares establecidas, nos criticarán de seguro.
En el tema que nos ocupa, cuando fallece alguno de nuestros seres queridos, tenemos que dejar ver que estamos muy tristes, desolados, abatidos y algunos desesperados, tenemos que llorar, porque si no lo hacemos pensarán que no queríamos a la persona que marchó, y eso nos hace quedar mal, en tiempos pasados había personas de la clase pudiente, que contrataban a gente para llorar al difunto, para que la gente apreciara que era una persona querida por mucha gente.
Había que vestir de negro durante algunos años, y no estaba bien visto el asistir a lugares de diversión, y en casos extremos hacían del luto un suplicio.
Resulta que la realidad es la realidad, y eso es lo que hay, no hay mal ni bien en llorar a un ser querido siempre que sea un sentimiento auténtico, pero siempre controlando la situación, y sabiendo que lo que ha acontecido es muy natural y parte de la propia vida, que todo tiene su principio y su final, y ambos son igual de importantes, y que cuando le damos la bienvenida a un ser cuando nace, estamos aceptando su muerte que es el otro extremo, todo forma parte de lo mismo, todo es para bien a favor del equilibrio y la compensación.
Hay personas que cuando les marcha alguien allegado, se cierran a la vida, y se meten en una espiral de sufrimiento y dolor que diariamente alimentan a través del recuerdo y necesidades creadas que nada tienen que ver con el amor, y sí con sentimientos no observados ni controlados que hacen de su vida, y también de las vidas de los familiares que con ellas conviven, un continuo padecer que mucho perjudica y a nada beneficia.
Sugiero que aprendamos a aceptar la vida en toda su integridad, empezando por el nacimiento y terminando con la muerte, y el hecho de que nos marche un ser querido, no es motivo de que tengamos que cambiar el rumbo de nuestras vidas, ni cambiar de forma de vestir, ni dejar de frecuentar aquel lugar, o dejar de asistir a aquel acontecimiento, etc., a las personas hay que aceptarlas de forma total cuando llegan a este mundo, con todo lo que traen, hay que aceptarlas a lo largo de sus vidas con sus cosas a favor y en contra, y hay que aceptar su vida y su muerte cuando llega su momento.
Y si cuando marcha echamos en falta todo lo que de la persona recibíamos o compartíamos y eso nos produce tristeza, dolor, miedo, inseguridad, etc., por lo menos seamos sinceros y cuando lloremos no le echemos la culpa al difunto, aceptemos que lloramos porque lo que el difunto nos aportaba lo hemos perdido, y que lloramos por nosotros y no por el que marchó, que es lo que sucede en muchos de los casos, y por hoy creo que llega bien con lo expuesto, saludos y mañana más.
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