Hoy
vengo a empatizar contigo. Nada de empoderamientos. Nada de recuperar
tu poder. Nada de trascender el victimismo… Por hoy, y aunque mi misión
sea que te replantees tu visión y amplíes la perspectiva, voy a sentarme
a tu lado y a rodearte con mi abrazo.
Lo
sé. Sé que la Tierra duele. Que este planeta lo lleva a uno al límite. A
la incomprensión. Al desamor. Al pánico. A la añoranza… Sé muy bien de
qué hablo. No son meras palabras. Son vivencias. Experiencias de quien
siente tan fuerte y tan hondo, que ni siquiera sabe qué pasa.
Hipersensibilidad, le llaman. Por eso “llegan” estos textos. Porque toda
esta locura terrestre siempre se me ha clavado en el alma. Y tengo que
contarla. Ubicarla. Sacarla de mis entrañas.
Por
eso te entiendo. Entiendo cada una de tus palabras. De tus gritos. De
tus llamadas desesperadas. Yo sé todo lo que has sufrido y todo lo que
te atenaza. Tus terrores no me son ajenos, pues de terrores puedo llenar
miles de páginas. Y hoy quiero acompañarte. Decirte que no me importa
que los compartas. Que estoy aquí, contigo. Caminando, como tú, sobre
cuerdas flojas que flotan sobre espadas. Espadas afiladas e hirientes,
de las que no perdonan y te traspasan… Te veo, y sé que tu vida no
siempre fue un cuento de hadas. Y aquí me tienes. A tu lado. Aunque sea
en la distancia. Sabiendo, en silencio, todo lo que has vivido. Y
buscando, como tú haces cada día, ese gramo de esperanza… 
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