Benditos sean los que llegan a nuestra vida en silencio, con pasos suaves para no despertar nuestros dolores, no despertar nuestros fantasmas, no resucitar nuestros miedos.
Benditos sean los que se dirigen con suave y gentileza, hablando el idioma de paz, para no asustar a nuestra alma.
Benditos sean los que tocan a nuestro corazón con cariño, nos miran con respeto y nos aceptan enteros con todos nuestros errores e imperfecciones.
Benditos sean los que pudiendo ser otra cosa en nuestra vida, escogen ser generosidad.
Benditos sean esos iluminados, que nos llegan como un ángel, como una flor o pajarito, que dan alas a nuestros sueños y que, teniendo la libertad para irse, escogen quedarse y hacer nido.
La mayoría de veces llamamos a esas personas AMIGOS, HERMANOS, porque lo son y compartimos madre, la tierra, el padre y el cielo.
Arquitectura Espiritual 
No hay comentarios:
Publicar un comentario