Hola
mis gentes ¿Que tal van esos ánimos? espero que estén en alza porque
son una de las vitaminas del alma. Hoy se me ha ocurrido un tema, que
aunque ya hemos hablado de estos
conceptos y realidades en bastantes ocasiones, quiero dedicarle un poco
de mi
tiempo a esclarecer a lo máximo que me sea posible, determinadas
conductas muy
generalizadas, y hasta bien vistas según algunos cánones sociales, orientados a las competencias para fomentar actividades
mercantiles.
Yo nací y
me crié en familia muy humilde, y con los mínimos recursos económicos, tuve siempre
cubiertas mis necesidades físicas inmediatas pero poco más, cuando llegué a mi
adolescencia deseaba tener una bicicleta, aún estuve mucho tiempo esperando el
poder tenerla, cuando al final mi padre me compró una de segunda mano me
sentía muy feliz y disfruté mucho con mi bici, pero todo cambió cuando a dos de mis vecinos les compraron
una moto, me invitaron a dar un paseo y quedé fascinado, a partir
de ese momento dejé de disfrutar de mi bicicleta, ahora deseaba tener una moto,
la bici dejó de ser importante, dejé de amarla, todas mis ilusiones y anhelos
estaban concentrados en llegar a poseer una moto como la de mis vecinos, como
la economía de mi familia no lo permitía me sentía mal, y envidiaba a mis vecinos,
dejé de disfrutar de lo que tenía, y empecé a padecer por lo que no tenía.
Después de un tiempo me compraron la moto que
yo quería y disfrutaba de lo lindo con ella, pero solo durante un tiempo,
después marche del círculo familiar para abrirme camino como profesional y ya
no me hacía ilusión el tener moto, ya no disfrutaba de la moto, ahora quería
tener coche, y naturalmente estuve un tiempo ahorrando para comprarme mi
cochecito.
Y volví a disfrutar, después volví a padecer por lo
que deseaba y no tenía, y así sucesivamente a ido subiendo y bajando el nivel
de mis disfrutes y padecimientos, en base al gran error de permitir que el
propósito o deseo de poseer o contar con algo, me impidiera el seguir disfrutando
de lo que tenía o con lo que contaba.
Es bueno
tener afán de progreso, tener ilusiones, deseos, anhelos, propósitos, etc.,
pero no debemos permitir jamás, que ninguno de estos proyectos nos impida
disfrutar de lo que tenemos, porque lo que tenemos es la base en la que estamos
apoyados en el presente, es el resultado de todos nuestros esfuerzos y
conquistas, es lo conseguido a lo largo de toda nuestra existencia, no tenemos
otra cosa, y si esa base deja de ser importante y ya no la queremos, al no
tener otro apoyo que nos sostenga caeremos en el abismo de la frustración y el desencanto que nos conducirán al océano de los padecimientos.
Nuestra ignorancia y egoísmo es como una espesa niebla que nos impide apreciar y valorar todo cuanto somos y tenemos, resulta que antes éramos felices sin tenerlo porque no sabíamos que existía, pero ahora lo tiene el vecino, o aquella otra persona que hemos visto por la tele y yo no lo tengo, ¿Cómo voy yo a ser feliz sin tenerlo sabiendo que existe?, Si no supiera que existe sí que podría seguir siendo feliz, porque entonces la envidia, los complejos, la codicia y otras larvas y parásitos psicológicos y mentales, que son mucho peores que los intestinales, no tendrían argumentos para impedir que lo fuera.
Amemos y disfrutemos
de lo que somos y tenemos, nunca se puede disfrutar de lo que no se és, o se tiene, todos los
niveles de ser, tenencias, conquistas, proyectos, etc., son como una escalera
interminable, para acceder a cada uno de los niveles empezamos por el primer
escalón, nos apoyamos en él, y desde el primero podemos acceder al segundo, del
segundo al tercero y así sucesivamente.
Pero cuando estamos en un escalón
cualquiera tenemos que reconocer lo importante que es el que estemos allí, porque
solo desde allí podemos acceder al siguiente nivel, si no consideramos que es
importante el lugar en el que estamos en el momento, la base deja de
sostenernos, porque al ser psicológica su estructura y consistencia depende de
muestro pensar y sentir y forma de valorar y conceptuar, si deja de ser
importante para nosotros pierde la consistencia y se desvanece, y nosotros que
estábamos apoyados en ella caemos en picado hacia el mundo del desencanto.
La vida siempre es bella y hermosa, pero reluce mucho más cuando disfruto de lo que soy y tengo, y no cuando padezco por
lo que no soy ni tengo, cuando padezco por lo que no tengo, el padecimiento dificulta
en gran manera todos los procesos de obtención o conquista de eso que no tengo y
quiero tener, si disfruto lo que tengo, con la satisfacción del disfrute le
estoy dando consistencia a la base en la que estoy apoyado, y eso la hace
segura, con lo cual la historia esa de caer en el desencanto queda descartada.
Y por hoy lo voy a dejar, saludos.
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