Llegamos a este plano a través de un hálito...
Vivimos, crecemos y experienciamos cada una de las etapas que nuestra alma pactó...
Acumulamos vivencias, caminos transitados, senderos profundos... y otros supérfluos...
Tratamos de encontrar seguridad en cada paso, en cada etapa, en cada estadio...
Pero vamos observando, a medida que acumulamos juventudes, que todo es efímero... que en cualquier momento la vida nos para, nos trastabilla, nos muestra un sendero que nos negamos a transitar...
Siempre hay mensajes que la vida nos muestra... suaves y leves, al principio... más contundentes a medida que nos negamos a tenerlos en cuenta... hasta que la final, el mensaje se convierte en rotundo e inexcusable... Nos para en seco... nos sacude todos y cada uno de nuestros planes, nuestras metas, nuestros deseos...
... para que reflexionemos... para que observemos... para que escuchemos la voz amorosa de nuestra alma...
En esos instantes de pausa obligada por la vida sempiterna... no nos queda otra que converger hacia el interior... y escuchar la voz del alma... Quizás... tan sólo quizás, el camino que habíamos elegido nada tiene que ver con el que hemos de transitar...
Nada nos toca por azar... Aceptación y vislumbrar qué causa hemos emitido para obtener el efecto que vivimos...
La mirada siempre es hacia el interior... jamás nada externo existe sin nuestra visión interna
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