Guardar silencio sobre uno mismo es humildad.
Callar los defectos ajenos es caridad.
Callar en medio del sufrimiento es fortaleza.
Callar cuando otro habla es respeto.
Callar cuando no hace falta hablar es prudencia.
Callar cuando Dios habla al corazón es recogimiento.
Pero callar frente al dolor ajeno es cobardía.
Callar ante la injusticia es debilidad.
Hablar de uno mismo es vanidad.
Hablar cuando se debe callar es imprudencia.
Hablar en el momento justo es sabiduría.
Hablar contra la injusticia es valentía.
Hablar para defender es compasión.
Hablar con sinceridad es rectitud.
Hablar para corregir es un deber.
Aprendamos primero a callar, para luego hablar con verdad y acierto. Porque si la palabra es plata, el silencio siempre será oro.
–Susana Rangel
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