jueves, 2 de octubre de 2025

EL CHANTAJE 2ª Parte (Por José Miranda)

 

Viene de la 1ª parte.       Cuando el bebé llora y patalea porque no sabe hablar y es el único medio de comunicación que posee, el lloro y el pataleo son formas mas suaves o fuertes de pedir o solicitar algo.

Cuando el niño-a sabe hablar, pide algo y se le niega, o no se le atiende porque no se estima necesario u oportuno, el tiene en su recuerdo que existía otra forma de pedir que casi nunca fallaba, y es entonces cuando te monta una escena de lloro y pataleo y los padres por no verlo contrariado o oírlo le conceden lo que pide, yo lo entiendo como chantaje en cierta forma inocente.

Hay personas que su madurez y responsabilidad van en equilibrio y concordancia con su edad, estas personas suelen estar bien relacionadas con sus vidas y a la altura de las circunstancias, y también hay otras personas que no les gusta la responsabilidad y se resisten a ser adultos, o mejor dicho, les gusta y así lo exigen el ser adultos cuando les interesa reclamar y hacer uso de sus derechos, pero la seriedad, el compromiso, la responsabilidad, el espíritu de sacrificio etc., que exige comportarse como adulto, como que no les va, prefieren en muchas ocasiones creerse y sentirse como niños, y de esta forma hacer lo que le apetece sin sentirse responsables ni culpables de nada, y si alguien le llama al orden, le monta un buen "numerito" recurriendo al chantaje, a la calumnia o a lo que haga falta.

Dentro del chantaje hay niveles y condiciones atenuantes y agravantes, el nivel es directamente proporcional a la envergadura y gravedad de cada caso y también el agravante o atenuante.

El atenuante se puede aplicar, por ejemplo, en los casos de personas que desde su infancia y durante la época de formación, dentro del ambiente familiar y social el chantaje, el engaño y otras practicas por el estilo sean consideradas  métodos o formas normales de conseguir algo, y lo suelen ejercer de una forma automática o medio inconsciente.

Y el agravante lo aplicamos a las prácticas en que la persona es plenamente consciente de que la práctica del chantaje es improcedente, y del daño o perjuicio que genera su acción sobre las personas que se ejerce.

A casi todos nos gusta y nos complace el ver contentos y felices a nuestros familiares, amigos, vecinos, etc., y cuando les vemos disgustados, ofuscados, cabreados y con cara de perro, hace que nos sintamos mal, a disgusto, y en estos casos se trata de buscar una solución para que la persona disgustada vuelva a estar contenta y feliz, o por lo menos normal. 

En el afán de que esto se cumpla, a veces se otorgan atenciones o cosas especiales, no normales, si la persona que recibe estas atenciones especiales es de naturaleza egoísta, siempre que desee o le apetezca algo especial o exclusivo, y que por los causes normales no se lo ofrezcan, o no lo pueda conseguir, recurrirá al enfado, al mal humor, al conflicto e incluso a fingir algún tipo de mal o enfermedad, porque sabe que esta situación producirá efectos de preocupación, disgusto y de mal en la persona que nos niega o no accede a concedernos lo que hemos demandado, y posiblemente para librarse de ese disgusto o de ese mal nos concederá lo que queremos. 

¿Te pido cosas y tu no me las concedes? ¡pues ahora me disgusto me pongo de los nervios y asta me siento enferma y es por tu culpa, y si no me las concedes aún me pondré peor! ¡tu verás lo que haces! 

¿ya me lo has concedido? Pues ya se me fueron todos los males y disgustos asta que desee algo y tu me lo vuelvas a negar.

Este y otros modelos de actuación por el estilo son muy frecuentes y algunas personas lo consideran cosas y casos normales, pero a mi juicio es chantaje puro y duro.

 En muchas ocasiones oí decir a un compañero-a: “tengo que hacer esto o aquello porque si no mi pareja me pone cara de perro y me amarga el día”,  “en su cumpleaños se me olvidó el regalo y me cogió un rebote que le duró una semana” “ mi hijo me ha pedido esto o aquello y si no se lo compro dice que se va de casa”.

El repertorio de actuaciones por el estilo de las que acabamos de poner como ejemplo, es interminable, la inmadurez, el egoísmo y la baja condición moral y espiritual hacen posible que muchas personas con tal de conseguir aquello que desean, no les importe usar métodos causantes de disgustos, angustia, dolor, etc., en otras personas.

Sin duda alguna que estas formas de proceder y otras por el estilo constituyen un gran obstáculo tanto para establecer buenas relaciones como para conservarlas, a nadie le gusta que le chantajeen o que le obliguen al cumplimiento de algo que no les apetece o que lo entiende como improcedente, y si durante algún tiempo nos vemos obligados a soportar situaciones como las que estamos tratando, estaremos deseando de escapar del lado de las personas que nos obligan a pasar por situaciones de disgusto, agobio, dolor, etc.

En otros escritos anteriores hemos hecho amplia referencia a lo que llamábamos el Ser, compuesto por el Alma y el Espíritu y alguna realidad más. Aunque en la persona todo es importante pero entendemos que el responsable de todos los actos que realiza dicha persona y sobre el que recaen las consecuencias que derivan de los mismos es el Ser, porque es el que dirige el rumbo de la vida eligiendo en cada momento lo que se debe hacer y lo que no se debe de hacer.

Dependiendo de la etapa de aprendizaje por la que este pasando el Ser, sus capacitaciones y aptitudes serán mínimas o máximas, durante las primeras etapas de vidas humanas el Ser es inexperto porque no cuenta con la experiencia y capacidades necesarias, y por tal motivo desconoce los límites de lo correcto y lo incorrecto, pero para aprender tiene que arriesgarse a cometer errores y es por eso que algunas personas en cuyo interior mora o actúa un Ser infantil o adolescente actúa de forma inadecuada perjudicándose a sí mismo y también a su prójimo, por eso lo de es malo o bueno es muy relativo, depende de si hemos de aplicar el agravante o el atenuante.

El chantaje, la extorsión así como el resto del amplio repertorio de taras y defectos del carácter de la conducta humana, es propio de personas cuyo Ser es inexperto y no conoce las consecuencias inevitables que derivan de tales actuaciones, si las conocieran por seguro que jamás lo harían, su capacidad de visión e interpretación solo le da información de algunos aspectos del momento presente, le gusta, le apetece y lo hace, y aunque le digan que después se va a encontrar en apuros y va a pagar un alto precio, ni él lo ve así ni se lo cree, solo las consecuencias apartarán el velo que nubla su visión y después ya estará vacunado contra ese tipo de actuación en concreto, “el camino no está hecho, el camino se hace al andar”.  Continua en la 3ª Parte.  Saludos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario