17. Ciertos objetos, tales como medallas y talismanes,
¿tienen la propiedad de atraer o rechazar a los Espíritus como algunos lo pretenden?
Esta cuestión es inútil, porque vosotros sabéis bien que la
materia
no tiene ninguna acción sobre los Espíritus. Estad bien seguros que un
Espíritu bueno jamás aconseja semejantes absurdos; la virtud de los
talismanes de cualquier naturaleza que sean, jamás ha existido sino en
la imaginación de las gentes crédulas.
18. ¿Qué hemos de pensar de los Espíritus que dan citas en lugares lúgubres y en horas impropias?
Estos
Espíritus se divierten a expensas de aquellos que les escuchan. Es
siempre inútil y a menudo pernicioso el ceder a tales sugestiones;
inútil porque no se gana absolutamente nada más que ser mixtificado;
pernicioso, no por el mal que puedan hacer los Espíritus, sino por la
influencia que esto puede ejercer sobre las imaginaciones débiles.
19. ¿Hay días y horas más propicias para las evocaciones?
Para
los Espíritus esto es completamente indiferente, como todo lo que es
material, y sería una superstición el creer en la influencia de los días
y de las horas. Los momentos más propicios son aquellos en que el
evocador puede estar menos distraído por sus ocupaciones habituales, en
que su cuerpo y su Espíritu están con más calma.
20. ¿La evocación es una cosa agradable o penosa para los Espíritus? ¿Vienen con gusto cuando se les llama?
Esto depende de su carácter y del motivo por que se les
llama.
Cuando el objeto es laudable y cuando el centro les es simpático, para
ellos es una cosa agradable y atractiva; los Espíritus son siempre
felices por la afección que se les tiene. Para algunos es una gran
felicidad el comunicarse a los hombres y sufren por el abandono en que
se les deja. Pero como he dicho ya, esto depende igualmente de su
carácter; entre los Espíritus los hay también misántropos, que no les
gusta que les estorben y cuyas respuestas indican su malhumor, sobre
todo cuando son llamados por personas que les son indiferentes y por las
cuales no se interesan. Muchas veces un Espíritu no tiene ningún objeto
para venir al llamamiento de un desconocido que le es indiferente y
casi siempre está movido por la curiosidad; si viene, generalmente hace
cortas apariciones, a menos que no haya un objeto formal e instructivo
en la evocación.
Observación.
– Hay personas que sólo evocan a sus parientes para preguntarles las
cosas más vulgares de la vida material; por ejemplo, el uno para saber
si alquilará o venderá su casa, el otro para conocer los beneficios que
podrá sacar de su comercio, el paraje en que se ha escondido dinero, si
tal negocio será o no ventajoso. Nuestros parientes de ultratumba se
interesan por nosotros en razón a la afección que les tenemos. Si todo
nuestro pensamiento se limita a creerles hechiceros, si sólo nos
acordamos de ellos para pedirles indicios, no pueden tener por nosotros
grande simpatía y no debe uno maravillarse si nos demuestran poca
benevolencia.
21. ¿Hay diferencia entre los buenos y malos Espíritus con
respecto a venir pronto al llamamiento que se les hace?
La
hay muy grande; los Espíritus malos sólo vienen a gusto cuando esperan
dominar y engañar; pero experimentan una viva contrariedad cuando están
obligados a venir para confesar sus faltas; sólo desean marcharse, como
cuando se llama a un estudiante para reprenderle. Pueden ser obligados
por Espíritus superiores, como castigo, y para la instrucción de los
encarnados.
La
evocación es penosa para los buenos Espíritus cuando se les llama
inútilmente por cosas de ninguna importancia; entonces no vienen, o bien
se retiran.
Vosotros podéis decir que, en principio, los Espíritus,
cualquiera
que sean, no les gusta como a vosotros, servir para distracción de los
curiosos. Muchas veces no tenéis otra idea evocando a un Espíritu que el
saber lo que os dirá, o preguntarle sobre las particularidades de su
vida que no desea haceros conocer, porque no tiene ningún motivo para
haceros sus confidencias. ¿Creéis que va a sentarse en el banquillo para
que os divierta? Desengañaos: lo que él no os hubiera dicho cuando
vivía tampoco os lo dirá como Espíritu.
Observación.
– La experiencia prueba, en efecto, que la evocación es siempre
agradable a los Espíritus cuando se hace con un objeto formal y útil;
los buenos vienen con placer para instruirnos; los que sufren encuentran
consuelo
en la simpatía que se les manifiesta; los que hemos conocido están
satisfechos de nuestro recuerdo. Los Espíritus ligeros quieren ser
evocados por personas frívolas, porque esto les proporciona una ocasión
de divertirse a sus expensas; están poco a gusto con personas graves.
No hay comentarios:
Publicar un comentario