No fue hasta que observé y reflexioné sobre la vida y su continuidad que descubrí quién era realmente el Dios Desconocido.
Deduje que el Dios Desconocido no era ninguno de los dioses creados por el pensamiento alterado del hombre.
Me di cuenta de que los dioses en las mentes de los hombres son sólo las personalidades de aquello que más temen y respetan; el auténtico Dios es la esencia siempre continua que permite al hombre crear y representar sus ilusiones de cualquier manera que él elija, y que todavía estará ahí cuando el hombre vuelva otra vez, en otra primavera, en otra vida.
Me di cuenta de que es en el poder y la continuidad de la fuerza de la vida en donde el Dios Desconocido yace realmente.
¿Quién era el Dios Desconocido? Era yo..., y los pájaros en su nido nocturno, la escarcha en los juncos, el rocío de la mañana y el cielo del atardecer.
Era el sol y la luna, los niños y su risa, las rodillas de alabastro y el agua del río.
Era el olor del ajo, el cuero y el metal. Me llevó mucho tiempo llegar a este entendimiento, sin embargo, había estado siempre ante mis ojos.
El Dios Desconocido no estaba más allá de la luna o del sol. Estaba a mi alrededor. Y con este nuevo nacimiento de la razón empecé a abrazar la vida, a apreciarla y a encontrar una razón para vivir.
Había algo más que sangre y muerte y el hedor de la guerra, había vida, más de la que nunca habíamos percibido.
Fue a través de este entendimiento que, en los años siguientes, yo llegaría a comprender que el hombre es lo más grandioso entre todas las cosas, y que la única razón por la que el sol sigue su curso mientras que el hombre muere, es porque el sol nunca contempla la muerte. Todo lo que él sabe, es ser. " 
-Fragmento del Capitulo 2 del Libo blanco de Ramntha.
Gracias, gracias, gracias!
Nos amo 
Nos bendigo
Dios con nosotros y en nosotros 
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