jueves, 22 de enero de 2026

VALORACIONES SEGÚN LA EDAD Y LO VIVIDO (Por José Miranda)

 

  Hola gentes, ¿Que tal andamos? ¿Somos felices con lo que hay? o necesitamos de algo, un regalito tal vez, algún capricho insatisfecho, o mejor una buena lotería, ese amor imaginario, afectos, cariños, valoraciones, prestigio, fama.........
 
Es interminable el repertorio de lo que se puede llegar a creer necesitar para sentir y vivir esa supuesta felicidad, pero la cruda realidad es que si no nos sentimos felices porque nos falta esto o aquello, la cosa no pinta muy bien, porque siempre nos va a faltar algo, y cuando consigamos tener ese algo, nos faltará otro algo, hay un dicho que dice que la pobreza del humano no es a causa de falta de tenencias o valores, sino por la multiplicación de sus deseos.
 
En mi caso, ni en mi infancia, niñez o adolescencia me compraron un juguete, y a veces cuando veía a otros niños con sus juguetes y demás, los envidiaba, pero sabía que la economía familiar no daba para más, y al final lo aceptaba, aunque en el fondo seguía sintiéndome discriminado, durante mucho tiempo mantuve la idea de que no había tenido suerte con los padres que me tocaron, pues en la pubertad, adolescencia y parte de la edad adulta, y en algunos casos toda la vida, pensamos y sentimos de forma egoísta, nos creemos con derecho a todo lo que vemos y deseamos, y que nuestros padres u otras personas tienen la obligación de proporcionárnoslo.
 
Cuando entramos en la madurez, y llegan nuestros hijos a nuestras vidas, vamos cambiando de criterios y valoraciones, y cuando llegamos a la vejez, las valoraciones son completamente diferentes, hemos sido padres y posible-mente abuelos y las vivencias y situaciones por las que hemos pasado, nos han enseñado muchas realidades de las que no se aprenden en la escuela, ni en la calle, nos hemos sensibilizado y apreciamos la vida desde un ángulo completamente diferente.
 
En mi caso ha sido en los últimos años, y después de que mis padres marcharan de este mundo cuando se me ha permitido ver y apreciar lo agraciado que fui al contar con ellos, porque a pesar de que eran tiempos difíciles, y de mucha escasez, nunca me faltó lo esencial para una vida feliz, desde que llegué a este mundo, y durante el resto de sus vidas, estuve rodeado de amor, cariño y atenciones, y con una economía muy precaria, siempre conté con el alimento de mi cuerpo y mi alma, riqueza que no valoraba ni amaba porque como nunca me había faltado no conocía su valor.
 
Recuerdo que mi padre trabajaba en el campo de noche cuando había luna llena, y que mi madre iba también por la noche al río a lavar la ropa, mientras mis hermanas y yo dormíamos, mi padre la acompañaba y dormía cerca de ella custodiándola, nuestra casa era muy pequeña y no había agua ni electricidad, y mi madre para cocinar tenía que encender un fuego con leña que recogía del campo, y en estas condiciones nos criaron a mis tres hermanas y a mí, por aquellos tiempos yo no apreciaba la grandeza de mis padres, siendo casi analfabetos, en tiempos muy difíciles y sin contar con ningún apoyo, fuimos una familia feliz dentro de los márgenes de nuestra realidad.
 
Al día de hoy me siento afortunado y orgulloso de mis padres, ellos me dieron todo cuanto tenían, y ese es el mayor regalo que un hijo puede esperar, pero han tenido que pasar setenta y pico años para darme cuenta de estas y otras realidades, siempre estuvieron ahí, pero mi falta de sensibilidad y mi egoísmo, era como una espesa niebla que me impedía ver y apreciar la realidad.
 
Aunque ya no cuentan con presencia física, aún los sigo sintiendo cerca de nosotros, interesados en nuestras vidas, pendientes de nosotros y dispuestos a apoyarnos como siempre lo hicieron, yo ahora les hablo de forma mental y a veces sonora, les confieso mis ideas, sentimientos, proyectos y demás, y también les doy las gracias por lo mucho que recibí de ellos y nunca supe valorar y agradecer, recibí los mejores regalos y yo les reprochaba que no me habían comprado una pelota para jugar.
 
En el mundo hay muchos niños que cuentan con juguetes y más juguetes y con todo lo que se les antoja, pero darían todo cuanto tienen a cambio de la compañía, el amor y cariño de unos padres entregados e interesados  por su familia.
 
Yo en la actualidad pienso y siento que siempre contamos con todo lo necesario para poder ser felices, porque no se trata de tenencias y necesidades, se trata mas bien de valorar, amar y adaptarse a lo que se es, y lo que se tiene, sin entrar en competencias y rivalidades con nadie.
 
Espero que mi historia te ayude a no tener que esperar a tener setenta años para darte cuenta de estas realidades tan importantes, y si ya eres consciente de ellas, enhorabuena, te felicito, aunque sea pesado con el tema de los regalos, sigo afirmando que el mejor regalo es el que brota del alma y el corazón, aunque no sirva para jugar o presumir, es todo por el momento,un saludo y hasta siempre.

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