En mi opinión, la mayoría de las personas somos unos irresponsables,
insensatos, e inconscientes, sobre todo –y esto es muy grave- en los
asuntos relacionados con nuestra propia vida.
Creo que solamente
tenemos destellos de lucidez –que duran tan poco como los destellos- en
los que tomamos consciencia de que, efectivamente, esto de ir haciéndose
mayor y acercándose al momento de la muerte, imparablemente, va en
serio.
Durante una brevedad efímera decidimos tomarnos en serio
lo que estamos haciendo y lo que no estamos haciendo con nuestra vida, y
hasta llegamos a hacernos la promesa -que no será cumplida- de empezar a
prestarle una atención más consciente. Sobre todo, lo hacemos si
recientemente alguien nos ha hablado de mindfulness, si hemos asistido a
un entierro, si nos hemos encontrado con alguien que llevábamos tiempo
sin ver y nos ha asombrado comprobar cómo se ha hecho de mayor, o si
acabamos de celebrar nuestro cumpleaños o estrenar año nuevo.
Pero, como digo, dura poco. Enseguida retomamos la rutina que no es
capaz de pensar más allá del momento que está viviendo, volvemos a la
noria que repite el automatismo mecánico en que nos movemos, seguimos
creyendo –aunque no lo queramos reconocer- que nosotros no nos haremos
viejos, que la eternidad está de nuestro lado; nos distraemos con
cualquier cosa que se nos ponga delante… y de ese modo evitamos la
responsabilidad -que debiera ser ineludible- de tomar decisiones serias,
importantes, firmes, trascendentales, vitales.
Se nos va la
vida. Y ya nos hemos dado cuenta en más de una ocasión, pero… no movemos
ni un dedo para evitarlo, y la vida sigue, el limitado tiempo del que
disponemos en este mundo sigue consumiéndose aun cuando no estemos
atentos. Cada vez nos queda menos de esta IRREPETIBLE e IRRECUPERABLE
vida de la que disponemos pero la seguimos derrochando como si no
tuviera fin, seguimos permitiendo que se nos vaya vacía y desatendida, y
solamente muy de vez en cuando nos reprochamos un poquito –muy poquito-
nuestra desatención, por esta burrada tan tremenda de no VIVIR, y por
este sacrilegio a lo sagrada que es nuestra vida.
Un desastre. Somos un desastre.
Y el caso es que ni siquiera confiamos en nosotros mismos como
artífices de un nuevo tipo de vida en el que la consciencia y la
atención sean los gobernantes, en el que vivamos las cosas con
intensidad y mayúsculas, en el que nos ocupemos de las cosas que
realmente son importantes más que en aquellas distracciones a las que
les adjudicamos importancia.
Por supuesto que no se trata de
estar todo el día en meditación, levitando por los cielos, enfrascado en
una seriedad esotérica, ni viendo al tiempo como un enemigo que nos
roba, sino que se trata de hacerse un Plan de Vida de acuerdo a nuestras
verdaderas inquietudes y nuestros auténticos deseos, diseñar un Plan de
Vida que contenga lo que haría de nuestra vida algo de lo que sentirnos
satisfechos, y satisfechos también de nosotros mismos en esa faceta de
directores de nuestra propia vida.
Esto no es nuevo para ti. Lo
has leído, escuchado, o pensado, en numerosas ocasiones, y siempre, en
silencio, decides que sí, que hay que hacerlo, pero… no lo haces, lo
aplazas indefinidamente, pones fechas de inicio que olvidas después; te
acusas y perdonas una y otra vez por no hacerlo, te reprochas
levísimamente tu inmadurez en este asunto, hasta puedes llegar a
enfadarte un poco, pero eso no dura mucho. Nada dura. Ni el enfado, ni
el buen propósito.
Hoy tienes una nueva oportunidad de tomártelo
en serio. En serio. Muy en serio. Y comenzar ya, por fin, sin más
dilación, la tarea que tal vez debiera ser tu objetivo primordial: VIVIR
TU VIDA.
¿Qué?, ¿Te animas a comenzar ahora mismo?
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
domingo, 13 de noviembre de 2022
¿ERES UN IRRESPONSABLE? (Por Emma Fernandez)
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