Una
vez que una semilla estelar despierta y empieza a descubrir que puede
tener orígenes estelares y aspectos multidimensionales de su ser en
otros lugares del Universo mucho más idílicos que la Tierra, corre el
riesgo de dejarse llevar indefinidamente por una nostalgia excesiva y de
quedarse anclada en el victimismo: "Soy de otro lugar, este no es mi
sitio, no me adapto, no encajo y nunca voy a hacerlo, me quiero ir de
una vez"...
Aunque
este tipo de pensamientos recurrentes son lógicos y normales, el
siguiente (y recomendable) paso es arraigarse en uno mismo y en el
planeta y tomar conciencia de que la encarnación, más allá de las
sensaciones de añoranza que en ocasiones puedan surgir, tiene un sentido
claro e innegable: no se está aquí por casualidad ni como castigo. La
elección proviene del alma y responde a un plan superior que a veces,
efectivamente, puede llegar a resultar incomprensible para nuestra
mente, pero que al fin y al cabo es perfecto.
A
la larga, no nos ayuda anclarnos en la queja permanente, en la
tristeza, en la desesperanza, en el juicio violento hacia quienes no
opinan como nosotros... Este tal vez sea el paso clave en nuestro camino
de evolución en este mundo: tomar conciencia de que nosotros mismos (al
igual que quienes nos rodean) lo hemos elegido, de que somos creadores
de nuestra realidad, de que no somos víctimas de nadie y de que podemos
decidir modificar las circunstancias de nuestra vida siempre y cuando
abandonemos ese victimismo y nos comprometamos con nosotros mismos y con
el planeta. Tenemos mucho más potencial del que creemos, pero muchas
veces permanece oculto por nuestras creencias limitantes y por el
impacto que ha causado en nuestra psique el sistema terrestre, basado en
el miedo y el desequilibrio social. Despertar consiste en abandonar
esas creencias limitantes, crear desde nuestro corazón y estar en paz
con lo que somos y con lo que son los demás en este momento. Y sí: no es
sencillo. Pero es POSIBLE. 
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Javier López Alhambra
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