Viene de la 1ª parte. Respondemos a menudo con un “no sé” porque
nos resulta más cómodo reconocer nuestra ignorancia ante preguntas
comprometedoras que ponernos a la tarea de enfrentarnos a lo que sabemos
no será agradable, o porque intuimos que la respuesta que nos obligará a
tomar una responsabilidad de la que carecíamos antes de conocerla.
Si no aparece la respuesta después de haberlo intentado sinceramente,
se puede recurrir a hacerla de otro modo que sea más fácil de
encontrarle contestación.
Investigar, repetirse la pregunta,
buscar el momento adecuado, consultarle al corazón, escuchar a la
intuición, recurrir al Maestro Interior, buscar pistas por donde sea…
Pero no conformarse con un “no sé”. O que sea un “no sé… de momento” muy
provisional y sin dejar de seguir buscando.
RESPETAR Y HACER QUE SE RESPETE LA DIGNIDAD PERSONAL.
Estoy de acuerdo con la opinión autorizada que dice que uno ha de
respetar por encima de todo la propia dignidad personal. Y, además,
exigir que los otros la respeten.
Puede que sea el tesoro más preciado del que disponemos.
La ética, la honradez, la integridad, la moralidad, los principios, las
escala de valores… todos ellos juntos confluyen en la dignidad
personal.
Y se ha de preservar inmaculada, porque es un derecho sagrado que ha de mantenerse puro.
Nadie tiene derecho a mancillarla, a menospreciarla, a deshonrarla. Ni siquiera uno mismo. Repito: ni siquiera uno mismo.
Está por encima de uno mismo.
Es conveniente tener claro dónde se encuentra el límite que los otros –y uno mismo- no pueden traspasar, para defenderlo.
Uno debe saber cuándo comienza a sentir la humillación, el desprecio, o
la burla, porque la tolerancia de cada uno puede ser más o menos
complaciente, pero llegados a cierto punto es conveniente poner una
barrera que ha de ser infranqueable, ya que a partir de entonces
comienza el honor, la nobleza, el pundonor… asuntos que han de ser
inquebrantables, y la dignidad debiera estar activa para no permitir
ningún ataque a la esencia personal.
Las personas que son
excesivamente serviles, o que sufren una situación de miedo, o que
tienen la Autoestima baja, son candidatas ideales a incumplir el
mandamiento ético de protegerla para que sea intachable.
Y uno no debiera traicionarse en esto.
“Porque es mejor llorar que traicionarse”, escribía Benedetti.
Uno puede tener “errores”, le puede ir mal su economía, puede carecer
de cosas materiales, o puede vivir una vida ingrata, pero la dignidad
personal está por encima de todo ello.
Y ha de permanecer intacta sean cuales sean las circunstancias personales.
Es lo que le da valor a uno como persona: el hecho de dignificar su persona y su vida.
Y es lo que le queda a uno si es que pierde todo, o si es que pierde en todo.
Y ello implica: conseguir el respeto de los otros, ser merecedor de las
cosas buenas que le puedan suceder, un comportamiento intachable al
gobernarse con rectitud y honradez, defender los derechos propios, el
respeto de uno a ultranza… es un derecho individual e intransferible, un
principio irrenunciable, y una luz interior que tenemos todos alumbrada
por nuestra esencia.
Y en ese respeto de todos uno ha de ser irreductible, porque es un asunto innegociable.
Una persona respeta su dignidad cuando se valora a sí misma por quién es, y no sólo por lo que hace o por lo que tiene.
Es una cuestión de respeto a sí misma.
Y si uno no es capaz de respetarse no puede pedir a los otros que le respeten.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
(Si te ha gustado, ayúdame a difundirlo compartiéndolo. Gracias)
martes, 21 de enero de 2025
LO IMPRESCINDIBLE PARA TODO SER HUMANO 2ª Parte (Por Emma Fernandez)
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