Las
personas necesitamos gustar. Queremos gustar para poder atraer una
pareja, para dar una buena imagen en el trabajo o para tener amigos. Sin
embargo, querer ser del agrado de todos es lo que más sufrimiento
inútil nos ocasiona.
De
alguna u otra manera, todos lo hemos hecho alguna vez, y puede que lo
sigamos haciendo, ya que, para formar parte de nuestros entornos
sociales y afectivos, estamos obligados a armonizar y a sintonizar con
los demás, y esto muchas veces nos obliga a tener que agradar, a ser
corteses e incluso a decir “sí” cuando queremos decir “no”.
Aunque
ceder un poco no significa perder mucho, es necesario el equilibrio
para que podamos coexistir, porque si cada uno de nosotros actuara solo
en interés propio, marcando límites y levantando muros, perderíamos el
sentido de sociedad.
La clave de este tema está en el equilibrio, en la asertividad y en la inteligencia emocional. Piensa en lo siguiente:
Finalmente,
cada vez que te preocupes porque no le gustas a alguien, recuerda que
la mayoría de las personas están luchando por amarse, respetarse y
gustarse a sí mismas.
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