Hay
quien piensa que el hombre se compone de tres elementos separados:
cuerpo, mente y espíritu. Pero lo cierto es que estos tres aspectos
constituyen un Todo, pues están interrelacionados. Nuestras
características físicas son la manifestación material de lo que hemos
creado nosotros mismos a través de las elecciones que hemos realizado en
el pasado. Cuando afirmamos que el espíritu es la vida, la
mente es el constructor y lo físico es el resultado, estamos indicando
que nuestros rasgos físicos reflejan nuestro desarrollo espiritual,
nuestras actitudes mentales y nuestras emociones. El uso que hagamos de
nuestra mente contribuirá a determinar la forma y características de
nuestro aspecto físico, de nuestro cuerpo. En las lecturas encontramos
la siguiente frase: “Con toda seguridad, las actitudes influyen muchas
veces en el estado físico del cuerpo. Nadie puede odiar a su vecino sin
padecer del estómago o del hígado al mismo tiempo. Nadie puede estar
celoso y dejarse llevar por la ira a causa de sus celos sin tener
trastornos digestivos o cardíacos”.
Para
comprender cómo afecta al cuerpo la información proveniente del alma y
de la mente, has de tener en cuenta la afirmación de Cayce en el sentido
de que cada célula del cuerpo tiene capacidad de percepción. Cada
célula es influenciada por los recuerdos de vidas pasadas que han
quedado grabados en el alma. En el interior del cuerpo, diversas células
endocrinas actúan como puntos de contacto entre lo espiritual y lo
físico. Estos centros, que se denominan chacras en algunas tradiciones
religiosas de Oriente, son los puntos a través de los cuales se produce
la manifestación física de los recuerdos kármicos registrados en el
alma. Entonces, los centros glandulares actúan sobre el cuerpo en
general para producir las condiciones físicas, ventajosas o
problemáticas, más adecuadas para el desarrollo espiritual del
individuo.
El hecho de
que las condiciones físicas del individuo sean favorables puede deberse a
los esfuerzos realizados en una encarnación previa. Cuando una persona
se esfuerza para desarrollar una parte de su cuerpo, no solo fortalece
su físico, sino que también construye el modelo de esa fortaleza a nivel
mental y espiritual. Aun cuando el cuerpo en sí morirá finalmente, el
modelo se mantiene en aquellas partes del individuo que sobreviven a la
muerte. De ese modo, puede llevarse hasta una vida posterior, en la cual
nuevamente producirá un cuerpo físico dotado de esa fortaleza.
Este
concepto no difiere sustancialmente de lo que es comúnmente sabido. En
general, se admite que el ejercitar una parte concreta del cuerpo, ayuda
a su desarrollo y fortalecimiento. El único elemento nuevo que
introduce el concepto de la reencarnación es la existencia de modelo
relacionados con determinadas facetas de la persona que no están sujetos
a una muerte física. Ello permite que las características físicas
generadas durante una vida sean introducidas en la vida siguiente.
Así
se explica la presencia en la persona de unos rasgos físicos,
favorables desde su nacimiento, o el desarrollo natural de dichos
rasgos, a una edad temprana, sin que el individuo haya hecho nada,
aparentemente, para merecer semejante beneficio. El hecho de creer en la
reencarnación nos permite ver esto con claridad. Para los que creen en
la reencarnación, estos valores, en lugar de surgir de la nada, han sido
generados por la persona utilizando el poder de su propia voluntad; lo
único que pasa es que dichos valores han sido creados en una vida
anterior, han quedado registrados en la memoria del alma y han pasado a
otra encarnación. Continúa en la 2ª parte. Un saludo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario