A
veces soy contundente con mis textos. Especialmente contundente. Pero
es necesario. No vas a salir de donde estás si siempre te ofrezco una
visión tibia, suave y “angelical” de la vida. Si te pongo la realidad
entre algodones… Si te aplasto con la idea de que eres maravilloso y de
que no tienes que hacer nada para mejorar tu vida o tu situación actual.
La espiritualidad no consciente es muy dada a todo esto: a divagar, a
desconectarse, a fugarse, a no ver la realidad tal y como
es… Sobre todo, es muy dada a quitarse la responsabilidad de encima.
Esto es lo que no gusta. Que hayamos de asumir nuestra responsabilidad y
comprometernos con nosotros mismos, tomando decisiones que nunca nos
atrevimos a tomar y estando abiertos al conflicto que siempre habíamos
evitado. Mejor nos vamos al plano astral, o a Arcturus, o a Pléyades…
Mejor pensar en todo eso y olvidarme de mi vida actual en la Tierra,
repleta de gente “mala” que no me entiende y que es la verdadera
culpable de que me sienta como me siento actualmente. ¿Verdad?
En
ese punto es donde muchas veces se halla el bloqueo. En que empleamos
la “espiritualidad” (la creencia en otros mundos y la idea de que somos
especiales y, por tanto, simples víctimas de la vida) para justificarnos
y no crecer. El hecho de que te consideres una semilla estelar, por
ejemplo, no va a servirte de nada si no estás dispuesto a madurar y a
ampliar tu visión de la vida. Como mucho, puede servirte para justificar
el punto en el que te encuentras y lo mal que te sientes, pero si te
sigues justificando y te atascas ahí durante muchos años, tarde o
temprano la vida “te despertará” por sus propios medios. Porque si
piensas que estás despierto por el simple hecho de creer que eres una
semilla estelar o un alma vieja, tarde o temprano vendrá la decepción. O
la sacudida. El zarandeo de tu mundo… La vida te despierta obligándote a
que asumas la responsabilidad. Y no se anda con rodeos. O lo haces, o
lo haces. Punto. Y da igual que “seas de” Arcturus, de Sirio, de
Andrómeda o que hayas tenido 10 millones de encarnaciones en Lemuria, la
Atlántida o Egipto. La vida te dirá: “Oye, ya es hora de que dejes de
evadirte. Despierta. Responsabilízate de una vez. Baja de tu mundo
especial y comprométete con este plano, que es a lo que viniste”.
Como
digo, hay muchas personas bloqueadas en este punto. Personas que se han
quedado en el “especialismo” de la etiqueta, pero no dan el paso de
profundizar en su comprensión, de ampliar su perspectiva, de
reconectarse realmente con ellas mismas… La “espiritualidad” es
precisamente lo que les sirve para “dormir”, para seguir desconectadas,
para caminar desde la evasión y la total irresponsabilidad hacia su
propia vida. Y, como muchas veces repito, ese no es el sentido de la
vida en este planeta. Esa espiritualidad evasiva, a la larga, no
funciona. Nos deja en las nubes, en un estado de indefinición que es
dulce y peligroso a partes iguales. Por ello es importante que te
preguntes si tu espiritualidad es realmente beneficiosa o, más que
ayudarte y hacerte crecer, te está desconectando de este mundo y de lo
que has venido a hacer en él. Y, como no hay casualidades, tal vez este
texto llegue justo ahora para “reconectarte” y para que te replantees
las cosas. Para que al fin te cuestiones tu modo de ver el mundo y te
abras a la posibilidad de realizar un profundo cambio de percepción. Un
cambio que te lleve a asumir definitivamente la responsabilidad y te
“baje” de una vez a la Tierra, en lugar de estar divagando, evadiéndote y
juzgando a otros desde tu posición de “alma especial”. A lo mejor, si
reflexionas, “despertar” tiene más que ver con esto que con pasarte la
vida desconectado de este mundo…
Javier López Alhambra
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