En mi opinión, los adjetivos y los adverbios, o cualquier calificativo y
cualquier comentario, están adjudicados a título personal, o sea que
uno mismo puede corregirlos cuando descubre que están mal adjudicados.
Es uno mismo quien decide qué es bueno –qué le parece bueno- o qué es
malo –qué le parece malo-, qué es realmente importante o a qué le
confiere una importancia que no es real, qué le gusta y qué no le gusta.
Si es uno mismo, muy conscientemente, quien valora las cosas y no hay
en ello un autoengaño o falta de la información adecuada, estará bien lo
que decide, y podrá ser poco o mucho, o podrá estar bien o mal.
La atención reflexiva y la honestidad han de estar presentes cada vez
que uno ejerce la responsabilidad de revisar su vida para verificar si
está de acuerdo consigo mismo sobre cómo se está desarrollando. Que, por
cierto, es una tarea que ha de ser constante e ineludible, porque de
ese modo uno puede darse cuenta acerca de si hay condicionamientos a la
hora de ver o valorar los acontecimientos que conforman su vida. Y uno
puede aprovechar la ocasión de modificar el sentimiento que añadió a
cualquier hecho de su pasado si ahora no le parece acertado. Ahora puede
ver si aquel enfado fue innecesario, si sufrió excesiva e
innecesariamente por algo que hoy le parece ridículo, o si explotó de
mala manera ante un acontecimiento que ha demostrado no merecer ese
arrebato.
Es uno mismo, muy conscientemente -y no sus impulsos, o
su violencia explosiva y descontrolada, o su soberbia altanera, o una
ira reprimida-, quien ha de gobernar su vida, poniendo los pensamientos y
acontecimientos en el lugar correspondiente y valorándolos en su justa
medida.
Tú decides qué es grande y qué es pequeño, qué no te ha
de afectar ahora aunque te haya afectado antes, qué pensamientos pueden
pasear tranquilamente por tu mente y cuáles vas a descartar para
siempre; qué vas a hacer con tu sonrisa y cómo te vas a deshacer del mal
humor y la rigidez.
No es correcto que tu modo de vivir esté
condicionado por reacciones de las que no eres consciente, ni por normas
con las que ya no estás de acuerdo, ni que permitas que sean los otros
los que te digan qué está bien o qué está mal para ti, o que alguien
pretenda imponerte su escala de valores y que le des preponderancia a la
suya sobre la tuya.
Revisa tu modo de ver la vida y tus
circunstancias –ya no eres el mismo de hace unos años y tus normas puede
que hayan cambiado pero siguen sin actualizar-, comprueba qué es
importante y a qué le das importancia –aunque no es importante-, valora
según tu propio criterio actual –deshazte de todo lo que esté caducado-.
En tu vida mandas tú. Y eres tú quien ha de mandar. Tenlo claro. Y hazlo.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
domingo, 29 de marzo de 2026
TU DECIDES QUE ES GRANDE Y QUE ES PEQUEÑO (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario