domingo, 5 de abril de 2026

CONCEPCIÓN DE LA LIBERTAD (Por Leon Wenborne)

  El tema de la Libertad constituye un problema capital del conocimiento que siempre ha preocupado a filósofos y teólogos de todos los tiempos. Este término ha sido usado y entendido de tan diversas maneras, desde los griegos hasta el presente, que casi lo han hecho ininteligible y ha traído como consecuencia que algunos sectores cultos conciban la Libertad como un determinismo y que los sectores menos cultos la confundan con un libertinaje.
Este galimatías, que ha enlodazado la verdadera concepción de la Libertad, es debido al desconocimiento de que el hombre es un ente corpóreo-espiritual; asimismo, al desconocimiento de que en el hombre mora la Divinidad, representada en su espíritu como LEY UNIVERSAL.
La Libertad constituye el objetivo teleológico del ser humano: ¡ESTAMOS CONDENADOS A SER LIBRES!, como decía Sartre.
Para los griegos la Libertad comienza a tener importancia a partir del siglo V, a.n.e., como consecuencia de la evolución político ateniense, después de la victoria sobre sus invasores persas, en el que Pericles otorgó protección a artistas y pensadores y promovió el espíritu de libertad entre sus conciudadanos.
Desde el punto de vista filosófico, fue Pitágoras el primer pensador que abordó el tema de la Libertad en su verdadero sentido, asegurando que el cuerpo constituye una cárcel para el espíritu. También nos habló de la necesidad de la purificación del alma humana para la libertad del espíritu. Pero realmente fue Sócrates el verdadero maestro de la Libertad, pues este magnífico sabio aportó los fundamentos cognoscitivos necesarios que permiten comprender la Libertad en su verdadero sentido, cuyas huellas indelebles están en los grandes pensadores modernos y contemporáneos.
Libertad significa entonces “estar DISPONIBLE para el cumplimiento de los deberes que manda la ley”. Es decir, cuando el verdadero hombre está disponible para cumplir su propia Ley.
Esta concepción de la Libertad tiene su clara explicación en el concepto Felicidad.
La palabra Felicidad en nuestra lengua, es la traducción del vocablo griego Eudaimonía, el cual está compuesto por el prefijo “eu” que significa “buen”, “bueno” “bien”; y por el sustantivo “daimon” que significa “Divinidad” o “Espíritu”. En consecuencia, EU-DAIMONÍA, significa literalmente: “Estar en posesión de la Divinidad” o “Estar en posesión de un buen Espíritu”, lo que en definitiva significa "tener el espíritu en acto" por haber purificado el alma.
Libertad quiere decir: realizar lo que ordena nuestro propio pensamiento, realizar lo que ordena nuestra propia esencialidad; es decir, la Libertad consiste en que la acciones que el hombre lleva a cabo tienen que tener su causa en su pensamiento y en su voluntad. El hombre es realmente libre cuando actúa como causa y no como efecto del medio que lo circunda.
El sentido que comporta la Libertad es el sentido de una liberación de un conjunto de determinaciones que coaccionan el pensamiento y la voluntad de los seres humanos que no le permite manifestarse planamente. En consecuencia, es de condición libre aquel que no es esclavo.
Las causas que privan de Libertad al hombre pueden ser externas o internas. Ahora bien, el hombre sabe o está consciente cuándo se le priva de su libertad física; pero casi nunca se da cuenta de que está condicionado intelectualmente por un conjunto de costumbres, creencias y falsos valores que determinan totalmente su vida. Pero lo más grave aún, es que no sólo no se da cuenta de su esclavitud, sino que se identifica con ella. Es el caso cuando el hombre está dominado por sus propias pasiones; entonces concibe la libertad como un derecho de satisfacer sus deseos y placeres sin restricción alguna, lo cual no es libertad sino libertinaje.
La necesidad de la libertad surge porque el espíritu se encuentra prisionero en el alma humana, la cual está constituida por las fuerzas instintivas de la Naturaleza y lleva dentro de sí al espíritu, el cual no podrá manifestarse a plenitud hasta que no se hayan dominado o sublimado dichos instintos
En este sentido, el alma constituye una unidad de opuestos que se manifiesta en dos fases. La primera, denominada la fase de enajenación, caracterizada por el imperio de las fuerzas instintivas de la Naturaleza. En esta fase el hombre se manifiesta animalizado, irascible y concupiscente, no llega a concebir los valores sublimes de la moralidad. En la segunda fase, denominada superación de la enajenación, se caracteriza por la sublimación de los instintos. En esta fase se produce la eclosión de la Divinidad de las profundidades del alma, dando lugar al hombre moralista, al hombre que aboga por la justicia, la igualdad y la fraternidad.
Este tránsito evolutivo que va de lo cuantitativo a lo cualitativo, se da mediante un movimiento contradictorio que produce una síntesis dialéctica, en la cual el espíritu penetra el alma y deposita su esencia en ella y el alma adquiere su realidad en el espíritu. Producida esta síntesis, desaparece la dualidad, que tantos problemas ha ocasionado al mundo del conocimiento. Esta síntesis fundamental para el conocimiento humano sólo es posible alcanzarla por el trabajo y estudio a través de múltiples reencarnaciones en cuerpos humanos, y no sufriendo castigos en el fantasioso infierno inventado por la religiones positivas (Que ahora, según en el Papa Benedicto XVI, no es de fuego, sino gélido). En estas condiciones, entonces surge el verdadero hombre, que como ente espiritual representa la LEY MORAL UNIVERSAL, pues posee un espíritu que es parte indisoluble de la Divinidad. Y dado que el espíritu es lo esencial en el hombre, éste tiene que actuar moralmente para poder ser realmente libre. "LA LEY MORAL" es, como nos dice Kant: un Imperativo Categórico, que constituye la causa de LA LIBERTAD. En conclusión LA LIBERTAD es el producto de la evolución espiritual del ser humano.

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