El tema de la Libertad constituye un problema capital del conocimiento
que siempre ha preocupado a filósofos y teólogos de todos los tiempos.
Este término ha sido usado y entendido de tan diversas maneras, desde
los griegos hasta el presente, que casi lo han hecho ininteligible y ha
traído como consecuencia que algunos sectores cultos conciban la
Libertad como un determinismo y que los sectores menos cultos la
confundan con un libertinaje.
Este galimatías, que ha enlodazado la
verdadera concepción de la Libertad, es debido al desconocimiento de
que el hombre es un ente corpóreo-espiritual; asimismo, al
desconocimiento de que en el hombre mora la Divinidad, representada en
su espíritu como LEY UNIVERSAL.
La Libertad constituye el objetivo teleológico del ser humano: ¡ESTAMOS CONDENADOS A SER LIBRES!, como decía Sartre.
Para los griegos la Libertad comienza a tener importancia a partir del
siglo V, a.n.e., como consecuencia de la evolución político ateniense,
después de la victoria sobre sus invasores persas, en el que Pericles
otorgó protección a artistas y pensadores y promovió el espíritu de
libertad entre sus conciudadanos.
Desde el punto de vista
filosófico, fue Pitágoras el primer pensador que abordó el tema de la
Libertad en su verdadero sentido, asegurando que el cuerpo constituye
una cárcel para el espíritu. También nos habló de la necesidad de la
purificación del alma humana para la libertad del espíritu. Pero
realmente fue Sócrates el verdadero maestro de la Libertad, pues este
magnífico sabio aportó los fundamentos cognoscitivos necesarios que
permiten comprender la Libertad en su verdadero sentido, cuyas huellas
indelebles están en los grandes pensadores modernos y contemporáneos.
Libertad significa entonces “estar DISPONIBLE para el cumplimiento de
los deberes que manda la ley”. Es decir, cuando el verdadero hombre está
disponible para cumplir su propia Ley.
Esta concepción de la Libertad tiene su clara explicación en el concepto Felicidad.
La palabra Felicidad en nuestra lengua, es la traducción del vocablo
griego Eudaimonía, el cual está compuesto por el prefijo “eu” que
significa “buen”, “bueno” “bien”; y por el sustantivo “daimon” que
significa “Divinidad” o “Espíritu”. En consecuencia, EU-DAIMONÍA,
significa literalmente: “Estar en posesión de la Divinidad” o “Estar en
posesión de un buen Espíritu”, lo que en definitiva significa "tener el
espíritu en acto" por haber purificado el alma.
Libertad quiere
decir: realizar lo que ordena nuestro propio pensamiento, realizar lo
que ordena nuestra propia esencialidad; es decir, la Libertad consiste
en que la acciones que el hombre lleva a cabo tienen que tener su causa
en su pensamiento y en su voluntad. El hombre es realmente libre cuando
actúa como causa y no como efecto del medio que lo circunda.
El
sentido que comporta la Libertad es el sentido de una liberación de un
conjunto de determinaciones que coaccionan el pensamiento y la voluntad
de los seres humanos que no le permite manifestarse planamente. En
consecuencia, es de condición libre aquel que no es esclavo.
Las
causas que privan de Libertad al hombre pueden ser externas o internas.
Ahora bien, el hombre sabe o está consciente cuándo se le priva de su
libertad física; pero casi nunca se da cuenta de que está condicionado
intelectualmente por un conjunto de costumbres, creencias y falsos
valores que determinan totalmente su vida. Pero lo más grave aún, es que
no sólo no se da cuenta de su esclavitud, sino que se identifica con
ella. Es el caso cuando el hombre está dominado por sus propias
pasiones; entonces concibe la libertad como un derecho de satisfacer
sus deseos y placeres sin restricción alguna, lo cual no es libertad
sino libertinaje.
La necesidad de la libertad surge porque el
espíritu se encuentra prisionero en el alma humana, la cual está
constituida por las fuerzas instintivas de la Naturaleza y lleva dentro
de sí al espíritu, el cual no podrá manifestarse a plenitud hasta que no
se hayan dominado o sublimado dichos instintos
En este sentido,
el alma constituye una unidad de opuestos que se manifiesta en dos
fases. La primera, denominada la fase de enajenación, caracterizada por
el imperio de las fuerzas instintivas de la Naturaleza. En esta fase el
hombre se manifiesta animalizado, irascible y concupiscente, no llega a
concebir los valores sublimes de la moralidad. En la segunda fase,
denominada superación de la enajenación, se caracteriza por la
sublimación de los instintos. En esta fase se produce la eclosión de la
Divinidad de las profundidades del alma, dando lugar al hombre
moralista, al hombre que aboga por la justicia, la igualdad y la
fraternidad.
Este tránsito evolutivo que va de lo cuantitativo a
lo cualitativo, se da mediante un movimiento contradictorio que produce
una síntesis dialéctica, en la cual el espíritu penetra el alma y
deposita su esencia en ella y el alma adquiere su realidad en el
espíritu. Producida esta síntesis, desaparece la dualidad, que tantos
problemas ha ocasionado al mundo del conocimiento. Esta síntesis
fundamental para el conocimiento humano sólo es posible alcanzarla por
el trabajo y estudio a través de múltiples reencarnaciones en cuerpos
humanos, y no sufriendo castigos en el fantasioso infierno inventado por
la religiones positivas (Que ahora, según en el Papa Benedicto XVI, no
es de fuego, sino gélido). En estas condiciones, entonces surge el
verdadero hombre, que como ente espiritual representa la LEY MORAL
UNIVERSAL, pues posee un espíritu que es parte indisoluble de la
Divinidad. Y dado que el espíritu es lo esencial en el hombre, éste
tiene que actuar moralmente para poder ser realmente libre. "LA LEY
MORAL" es, como nos dice Kant: un Imperativo Categórico, que constituye
la causa de LA LIBERTAD. En conclusión LA LIBERTAD es el producto de la
evolución espiritual del ser humano.
domingo, 5 de abril de 2026
CONCEPCIÓN DE LA LIBERTAD (Por Leon Wenborne)
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