Todos nosotros somos libres de nuestros actos pero no de las
consecuencias. Un gesto, una palabra o una mala acción ocasionan siempre
un impacto más o menos perceptible, y aunque no lo creamos, el tiempo
es un juez muy sabio. A pesar de no dar sentencia de inmediato, siempre
suele dar la razón a quien la tiene.Cada uno cosecha lo que siembra y,
aunque muchos sean libres de sus actos, no lo son de las consecuencias
porque, tarde o temprano, ese juez llamado tiempo dará la razón al que la tiene
Es importante tener en cuenta que aspectos tan comunes, como un tono de
voz despectivo o el uso excesivo de burlas e ironías en el lenguaje,
suelen traer serias consecuencias en el mundo afectivo y personal de las
víctimas que lo reciben. El no ser capaz de asumir la responsabilidad
de dichos actos responde a la falta de madurez que, tarde o temprano,
trae consecuencias.Ser responsable no significa solo asumir la culpa de
nuestras acciones, es entender que tenemos una obligada capacidad de
respuesta hacia los demás, que la madurez humana empieza haciéndonos
responsables de cada una de nuestras palabras, actos o pensamientos que
generamos para propiciar nuestro bienestar y el de los demás.
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