En mi opinión, y como es bien sabido, hay diferentes tipos de soledad. Posiblemente tantos como personas y situaciones.
Hay una soledad –la que uno ha buscado voluntariamente- que es
agradable, gratificante, enriquecedora, pero la soledad a la que me voy a
referir es esa que puede encajar en la denominación de “Insoportable”
–aunque se puede soportar, y hasta disfrutar, si uno es capaz de
comprenderla-. Me referiré a la que está llena de desconciertos, de
incomprensión, rabia, aislamiento, la que provee una sensación de
abandono, de tristeza, desamparo, la que contiene desgana, la que carece
de esperanza.
En primer lugar es conveniente aceptar que esa es
la situación o la sensación o es el estado en el que uno se encuentra.
Después, hay que clasificarlo bien y verificar si es una realidad o es
poco más que una idea, porque el tratamiento ha de ser distinto según el
caso.
El siguiente paso es desdramatizar la situación. Por muy
desagradable que sea o aparente ser, es conveniente quitarle el drama,
que no hace otra cosa que agravar lo desagradable de la situación.
Conviene objetivar esa soledad, quitarle los pensamientos y prejuicios
negativos que tenemos acerca de ella. “Estar solo” no implica “quedarse
solo”. Puede que esa soledad vaya a ser solamente durante una temporada,
pero aun en el caso de que vaya a perpetuarse hay que deshacerse de lo
dañino que le adjudicamos porque se le puede dar la vuelta a la parte
pesimista del estado y encontrar y centrarse sólo en la parte más
agradable. La realidad no va a cambiar, pero el modo de ver y afrontar
esa realidad sí se puede –y se debe- cambiar.
Escribo lo de
quitar los pensamientos y prejuicios negativos porque éstos, sin duda,
nos van a condicionar y vamos a estar en una tensión innecesaria, y
vamos a sentir un estado que es natural como si fuese un estado agresivo
y tóxico.
¿Qué es lo que siento REALMENTE ante la soledad?,
¿cuál es la auténtica realidad –la auténtica realidad- que hace que la
vea tan mal? Las respuestas a estas preguntas, y otras similares, nos
pueden mostrar una nueva visión de lo que puede ser y ha de ser nuestra
relación con la soledad.
La soledad también es libertad. Es el
estado natural del Ser Humano, aunque haya preferencia por estar
acompañado, pero –eso sí- el hecho de estar solo no se ha de asociar a
tristeza, a fracaso, a desamor… también se puede pasar uno al concepto
de la soledad que sea deseada y valorada en sus términos positivos y de
ese modo la misma situación pasa de ser indeseada a ser apreciada.
Conviene recordar que la soledad no es un estado obligatorio del que no
se puede escapar. Precisamente por el hecho de estar en soledad resulta
beneficioso “obligarse” a relacionarse, a hacer esas cosas que gustan
pero no se hacen, a revisar las cosas que nos pueden aportar una
ocupación satisfactoria.
Cambiar las creencias sobre la soledad
es una buena decisión. Desdramatizarla. Quitarle protagonismo a lo
pesaroso y poner en primer plano lo que tiene o puede tener de
interesante. Quitarnos el miedo.
Y si uno no es capaz de resolverlo por sí mismo, tal vez sea necesario consultarlo con un psicólogo.
RECUERDA: Nunca estamos solos, siempre estamos con nosotros mismos.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
domingo, 5 de abril de 2026
LA SOLEDAD INSOPORTABLE (Por Emma Fernandez)
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