504 – ¿Podemos saber siempre el nombre de nuestro Espíritu protector o ángel guardián?
–
¿Por qué razón queréis saber nombres que no existen para vosotros?
¿Creéis que no existen entre los Espíritus más que los que vosotros
conocéis?
– ¿De qué forma lo invocaremos si no lo conocemos?
–
Dadle el nombre que queráis, el de un Espíritu superior a quien tengáis
simpatía y veneración. Vuestro Espíritu protector vendrá a ese llamado,
porque todos los Espíritus buenos son hermanos y se asisten entre sí.
505
– Los Espíritus protectores que toman nombres conocidos, ¿son siempre
realmente los de las personas que tenían aquellos nombres?
–
No, pero de Espíritus que le son simpáticos y que vienen a menudo por
orden suya. Necesitáis nombres y entonces toman uno que os inspire
confianza. Cuando vosotros no podéis cumplir personalmente una misión,
enviáis un comisionado que haga vuestras veces.
506 – Cuándo estemos en la vida espírita,
¿reconoceremos a nuestro Espíritu protector?
– Sí, porque, con frecuencia, le conocíais antes de encarnaros.
507
– ¿Todos los Espíritus protectores pertenecen a la clase de los
Espíritus superiores? ¿Pueden encontrarse entre los grados
intermediarios? Un padre, por ejemplo, ¿puede llegar a ser el Espíritu
protector de su hijo?
– Puede serlo, pero la protección supone un cierto grado de elevación y además un poder y una virtud concedida por Dios.
El padre que protege a su hijo puede a su vez estar asistido por un Espíritu más elevado.
508 – Los Espíritus que han dejado la Tierra en buenas condiciones, ¿pueden siempre proteger a los que aman y les sobreviven?
– Su poder es más o menos restringido y la posición en que se encuentran no les deja siempre toda la libertad de actuar.
509
– Los hombres en estado salvaje o de inferioridad moral, ¿tienen,
igualmente sus Espíritus protectores y en este caso son de orden tan
elevado como los de los hombres muy adelantados?
–
Cada hombre tiene un Espíritu que vela por él, pero las misiones son
relativas a su objetivo. No confiáis un niño que aprende a leer a un
profesor de filosofía. El progreso del Espíritu familiar corresponde al
del Espíritu protegido. Teniendo un Espíritu protector que os vigila,
podéis a vuestra vez llegar a ser el protector de un Espíritu que os es
inferior, y los progresos que le ayudéis a realizar
contribuirán a vuestro adelanto. Dios no pide al Espíritu más de lo que le permiten su naturaleza y el grado a que ha llegado.
511
– Además del Espíritu protector, ¿está unido un Espíritu malo a cada
individuo para impelerle al mal y proporcionarle ocasión de luchar entre
el bien y el mal?
–
Unido no es la palabra. Es cierto que los Espíritus malos procuran
desviar del buen camino cuando encuentran la oportunidad, pero cuando
uno de ellos se vincula a un individuo, lo hace por sí mismo, puesto que
espera ser escuchado. Entonces se traba una lucha entre el bueno y el
malo, y vence aquél a quien el hombre deja que le domine.
EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. ALLAN KARDEC
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