martes, 28 de abril de 2026

PUBLICACIÓN DE: Javier Lopez.

 

Durante todos estos años, muchas personas me han hablado de su dificultad (sobre todo tras un despertar repentino o un cambio de conciencia paulatino pero profundo) a la hora de integrar la espiritualidad en la vida cotidiana (entorno familiar, laboral, de amistades, etc.). Resulta complicado hablar abiertamente de lo que uno cree, siente, vive y experimenta, sobre todo si la persona se mueve o proviene de ámbitos religiosos, académicos o científicos, en los que puede estar mal visto empatizar con realidades metafísicas difícilmente demostrables.
En muchos casos, pues, uno se cierra a estos entornos para evitar ser juzgado y comienza a llevar una "doble vida": por un lado, la vida en "sociedad", en la que la persona trata de seguir adaptada a lo establecido como "correcto", y por otro la vida espiritual interior, compartida con muy pocas personas y expresada en situaciones y momentos muy determinados. Comienza entonces un proceso de asimilación, aceptación y exposición gradual ante los demás de la propia espiritualidad: el alma vive su "noche oscura", renaciendo a un nuevo modo de enfocar la vida y dejando atrás personas, ambientes y costumbres que ya no resuenan con el estado de conciencia actual. La persona, como suele decirse, empieza a salir del "armario espiritual" y el mundo externo parece derrumbarse por momentos para irse reordenando poco a poco. La confianza en el proceso sincrónico de la vida y en el plan álmico que uno realizó antes de encarnar son vitales en este punto, ya que es muy sencillo tirar la toalla y pretender volver al estado anterior, un estado marcado por la rutina, lo "estable" y la zona de confort, pero "mortal", a la larga, para el alma.
Esta travesía por el desierto es, ciertamente, muy dura y duradera en ocasiones, pero está íntimamente ligada con la misión de vida de la persona y sus objetivos espirituales en este plano. Ser conscientes del propio renacer a un nuevo estado de conciencia, aunque este renacer conlleve momentos de oscuridad a veces impensables, es un privilegio y una experiencia única que no todos tienen el valor de atravesar. Seguir caminando es la clave, pues tarde o temprano volverá a hacerse la luz y lo que una vez dejó de tener sentido se acabará mostrando, al fin, como la mejor oportunidad de crecimiento para el alma.
Javier López Alhambra
Almas Estelares - Javi López

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