El
espíritu del hombre es hijo de Dios, chispa inmortal que brotó de su
seno. Todos los poderes, todo el saber del Señor están contenidos en él.
Así pues, ¿por qué se encuentra el espíritu tan limitado en sus
manifestaciones? Debido al cuerpo físico que aún es muy burdo, muy
material. Pero no es esta una razón para menospreciar el cuerpo, para
martirizarlo, como lo han hecho los cristianos durante siglos. Dios ha
construido nuestro cuerpo con una gran ciencia, una gran sabiduría; es
el mejor instrumento que nos ha sido dado, y si sabemos trabajar en él
diariamente para purificarlo y afinar su materia, lo volveremos capaz de
vibrar en armonía con el espíritu.
El
hombre que menosprecia y descuida el cuerpo, así como aquel que solo
busca extraer de él todos los goces sensuales, está equivocado. Solo
está por el buen camino quien ha comprendido que la misión del cuerpo
consiste en manifestar todos los esplendores escondidos en el espíritu,
en volverse un día el templo vivo del espíritu. ¿Cómo creer que este
cuerpo que Dios le ha dado al hombre tenga por única función oponerse al
espíritu, extinguir la llama del espíritu que justamente hace del
hombre un hijo de Dios? ¡Es insensato!
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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