Hubo
un día en que decidí dejar de complacer a todo el mundo. Y todo cambió
desde ese día. Porque me permití descansar. Aceptar mi humanidad. Salir
de la prisión de la falsa bondad. De tener que desvivirme por personas
que no se quieren responsabilizar y solo buscan tablas salvavidas para
no comprometerse y no evolucionar.
Ya
no me siento culpable por que otros no sean felices ni sepan cómo
amarse o cómo amar. Esa ya no es mi competencia. Esa ya no es mi
finalidad. Me libero de todas las cadenas. Me libero de quien me obliga a
ser “así” o “asá”. No soy Superman, ni ningún otro héroe de comic que
esté aquí para “rescatar”. No te confundas. Yo solo vengo a darte un
mensaje. Un mensaje de LIBERTAD. Estoy aquí para decirte que eres libre.
Que puedes decidir amarte y avanzar. Que el poder está en tu centro. Y
que no necesitas ser “especial” para ganarte “cielos” o merecer la
eternidad. Esa es mi misión. Esa es mi verdad.
Desde
ese día, tengo muy claro con quién resueno y con quién no tendré
afinidad. Ya no fuerzo relaciones, ni me obsesiono con quien no me
valora o no me demuestra cordialidad. Yo sigo mi camino, porque esas
personas (lo mismo que yo) también tienen su libertad. Y no me voy a
quedar llamando a puertas cerradas, esperando migajas de amor o
afabilidad. La vida es mucho más sencilla. La vida consiste en
disfrutar. En ir ligero de equipaje y soltar todo lo que pesa y todo lo
que está de más. Hola a quienes llegan y adiós a quienes se van. Si
aportas, bienvenid@ a mi vida; si no, vete a otro lugar. Sin tanto drama
y tanta culpabilidad. Sin tanto peso a las espaldas. Sin tanto exceso
de responsabilidad.
.
Javier López Alhambra
No hay comentarios:
Publicar un comentario