En
mi opinión, ninguno salimos ilesos de esta aventura que es estar en el
mundo. Son demasiadas cosas y nos pasa de todo. Así que llegar hasta el
final a salvo, enterito, sin haber atravesado una montaña rusa de
emociones, con el corazón intacto y en su sitio y el alma sin romper, se
convierte en una tarea imposible.
Todos
tenemos alguna esquinita rota, alguna herida sin remendar, un dolor
colgando por alguna parte, más de una lágrima derramada y más de una sin
llorar.
Así
es como nos vamos haciendo, por lo visto. Golpe a golpe. Cayendo y
levantándonos. Curando las heridas con más voluntad que conocimientos.
Recibiendo los golpes sin saber cómo esquivarlos.
Es
imposible quedarse entero. Hay días que se nos amarga el carácter y
días en que tirar la toalla parece la opción más sensata. También hay
días brillantes de vez en cuando, no podemos negarlo.
La
vida –esta eterna incomprendida- parece que se complace en
desbaratarnos cada vez que empieza a asomarse la tranquilidad. No nos
deja recuperarnos de una cuando ya nos aparece con otra. Y eso nos
desconcierta y nos hacer vivir en uno y otro extremo, como locos, como
funambulistas, desorientados. Un amigo mío dice que “vivir es conciliar
contradicciones”. Quiere que salgamos ilesos de todo. Que seamos capaces
de poner orden en el caos y paz en cualquiera de nuestras mil guerras.
Vivir
es un reto diario. Aprender es necesario. Sobrevivir al día a día es
una orden que no admite incumplimiento. Un día se nos rompe un poco el
corazón, otro día sale malherida el alma, las ilusiones quedan
maltrechas, la esperanza dañada; todo el conjunto que somos sale
perjudicado por esto de vivir, con las gafas de ver la vida rayadas, con
la energía desinflada, con alguna esquinita rota y algún desconchón que
habrá que reparar con más voluntad que conocimientos.
A
pesar de todo, o gracias a todo, hay que seguir viviendo con una
sonrisa que sea lo más sincera posible, con un parche en el corazón y la
ilusión cayéndose a cachos.
No
es pretensión de este escrito desanimar a nadie ni justificar un
negativismo. Pretende todo lo contrario: es una invitación a superar los
inconvenientes que se presenten y combatirlos con una sonrisa. Amarlo
todo. Amarse uno mismo. Menospreciar los momentos menos agradables y
magnificar y repetir y recordar los que han sido geniales.
Este
mundo es, también, un Hospital de heridos de guerra. Pero heridos que,
como tú y como yo, sobreviviremos al grito interno de ¡VIVA LA VIDA!
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
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