A la puerta de una gran carpintería, llegó un joven, con una caja a cuestas, en busca de empleo. Parecía humilde y educado. El director de la institución compareció, atento, para atenderlo. – ¿Tiene algún servicio con el que me pueda favorecer? – Indagó el joven, respetuoso, después de los saludos habituales. – Las tareas son muchas – Elucidó el jefe. – ¡Oh! ¡Por favor! – Volvió a decir el interesado – mis viejos padres necesitan de amparo. He tocado, en vano, la puerta de varias oficinas. Nadie me socorre. Me contentaré con un salario reducido y aceptaré el horario que deseen. El director, con calma, acentuó: – Trabajo no falta… Y mientras el candidato mostraba una sonrisa de esperanza, añadió: – ¿Trae sus herramientas en orden? – Perfectamente – Respondió el interpelado. – Veámoslas. El joven abrió la caja que traía. Daba pena mirarle los instrumentos. La suela se hallaba deformada por gruesa herrumbre. El serrucho mostraba varios dientes quebrados. El martillo tenía el cabo incompleto. El alicate estaba francamente desajustado. Los diversos formones no atenderían a ningún ruego del servicio, tal era la imperfección que presentaban en sus filos. Polvo espeso recubría todos los objetos. El dirigente de la oficina observó…observó…y dijo, desencantado: – Para el señor, no tenemos ningún trabajo. – ¡Oh! ¿Por qué? – interrogó el joven en tono de súplica. El director esclareció, sin irritación: – Si el señor no tiene cuidado con las herramientas que le pertenecen, ¿cómo preservará nuestras máquinas? Si es indiferente en aquello de lo que debe sentirse honrado, ¿llegará a ser útil a los intereses ajenos? Quien no cuida atentamente de lo “poco” que dispone, no es digno de recibir lo “mucho”. Aprenda a cuidar las cosas aparentemente sin importancia. Por las muestras, grandes negocios se realizan en el mundo, y el menosprecio para consigo es un indeseable muestrario de su indiferencia perniciosa. Aproveche la experiencia y vuelva más tarde. No valieron los pedidos del mozo necesitado. Fue compelido a retirarse, muy abatido, aprendiendo la dura lección. Así también acontece en el camino común. Quien desee el cuerpo iluminado y glorioso en la espiritualidad, más allá de la muerte, cuide respetuosamente del cuerpo físico. Quien aspira a la compañía de los Ángeles, muestre buenas maneras, buenas palabras y buenas acciones a los vecinos. Quien espera la cosecha de alegrías en el futuro, aproveche la hora presente, en la siembra del bien. Y cuantos sueñen con el cielo, traten de hacer un camino de elevación en la misma tierra.
FRANCISCO CANDIDO XAVIER Por el espíritu Neio Lucio
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