viernes, 24 de mayo de 2024

NUESTROS PERSONAJES INTERNOS 2ª Parte (Por José Miranda)

 

 Viene de la 1ª parte.    Es imprescindible y coherente que la forma de actuar de la persona este en concordancia con su edad y etapa, cuando somos niños, hemos de comportarnos y actuar como niños, con esos márgenes de “más-menos, según condición y peculiaridades de cada uno, un niño se hace “pipi” y “caca” y lo consideramos normal, a un niño no se le pueden exigir grandes responsabilidades, si en una rabieta hace un estropicio, cuenta con un atenuante, y a veces ni se le tiene en cuenta, no debiera realizar trabajos pesados ni de gran responsabilidad, para un niño la vida es como un juego, siempre intenta hacer lo que le apetece y no tiene creado el concepto del deber, la responsabilidad, la obligación, etc., y su escala de valores y prioridades obedece a la necesidad, deseo o capricho del momento.
 
Existe un perfil de personas que utilizan su astucia e ingenio, para hacer lo que le viene en gana a pesar de su edad, evadir responsabilidades y tareas pesadas y poco agradables, intentan conseguir todo lo que se proponen, y si se las niegan, utilizan medios de presión parecidos a los niños, cogiendo la rabieta, se enfadan y niegan el habla, lloran, se niegan a comer, y pueden llegar incluso a la auto-lesión, etc. son medios de presión que se utilizan en la etapa infantil para obligar a nuestros padres o educadores a ceder ante nuestras peticiones y exigencias.
 
Las personas que ya han pasado de los veinte, de los treinta y cuarenta, y siguen con este tipo de conducta, cada día se reafirman en su auto-convencimiento de que son frescos y espontáneos como niños angelicales, y lo mejor de lo mejor, pero la realidad es muy diferente, a la hora de exigir, reclaman y defienden con uñas y dientes todos los derechos del adulto, pero a la hora de las responsabilidades, las obligaciones y de los muchos retos y sacrificios que la propia vida impone a los adultos, en ese caso se siente como un niño y no quiere saber nada, y si se le llama la atención, vuelven a reclamar el derecho que le concede la libertad del adulto para seguir haciendo lo que le venga en gana, yo en mi caminar por la vida he conocido a personas con este perfil y al final terminan en soledad porque ese tipo de conducta para nadie de los que le rodean es agradable, y antes o después, todos huimos de ese tipo de situaciones.  
 
Nuestras actuaciones deben de ir en concordancia con nuestra edad y etapa, cuando somos niños hemos de actuar mayoritariamente como niños, pero poquito a poco debemos empezar a ir haciendo prácticas de adolescente, porque los cambios de etapa son paulatinos y no se producen de un día para otro, el adolescente empezará, poco a poco, a ir adentrándose en el mundo del adulto, y así sucesivamente, pero como hemos dicho antes, intentemos actuar en cada etapa según nuestra realidad, haciendo uso de los márgenes de flexibilidad que la naturaleza nos concede.

Al hablar de los márgenes, me refiero, a que siendo niño, en ocasiones puntuales puedo sentirme adolescente e incluso adulto, en alguna ocasión hemos dicho o oído decir, “ese niño a veces tiene cosas de adulto o persona mayor”, o “esa persona a pesar de su edad, a veces parece un niño”, es a eso a lo que me refiero cuando hablo de los márgenes, hay circunstancias y situaciones en las que siendo adulto e incluso anciano, hay que dejar actuar a nuestro niño interior porque es el mas idóneo para hacer frente a las mismas.
 
En alguna ocasión hemos comentado que todo puede ser bueno o malo dependiendo de cómo y de qué forma se utilice, me refiero a que para todo existe el círculo  o formas correctas de aplicación, dentro de esos parámetros, todo puede ser bueno, fuera del uso correcto para el cual fue creado, todo puede ser perjudicial.
 
Solíamos poner el ejemplo del agua, que es imprescindible para la vida, pero si viene una riada y nos arrastra con la casa y todas nuestras cosas, ya pasa a ser mala, porque se ha salido de su círculo correcto y conveniente de aplicación, y al igual que con el agua ocurre con todo, por muy bueno y necesario que sea, fuera de su círculo y normas de utilización, puede ser nefasto.
 
Como hemos dicho antes, en la persona existen muchos personajes y todos pueden aportar beneficios para el conjunto, pero dentro de un orden que determine lo más favorable y conveniente para cada caso.
 
En cada familia debe de existir un orden de jerarquía, mando y responsabilidad, dentro de ese orden debe de haber un máximo responsable del conjunto,  y como máximo responsable también es el que determina y dirige las actuaciones y determinaciones mas relevante e importantes del conjunto, en el caso de las parejas o matrimonios puede o debe ser compartido.
 
En la persona debe de ocurrir un tanto igual, se necesita alguien que coja el cargo de rector y director de todos los actos que la persona realiza, ese cargo le corresponde a nuestro Ser (alma y espíritu) que en todo momento intenta llevar a cabo su labor, comunicándonos sus indicaciones a través de la voz de nuestra conciencia, y he aquí lo curioso del asunto, que la voz de nuestra conciencia en la niñez apenas si la escuchamos, y en el caso de que la lleguemos a oír, es posible que no la obedezcamos, y sigamos con nuestros proyectos. 
 
Cuando dejamos libertad a nuestro niño interior para que actúe a sus anchas, sin vigilancia y control del adulto o maduro, la voz de nuestra conciencia pierde volumen y nitidez, y es posible de que no nos enteremos de sus indicaciones en muchas ocasiones, porque hay un refrán que dice: “no hay peor sordo que el que no le interesa oír”, a nuestro niño interior, como cualquier otro niño, las cuestiones de responsabilidad, sacrificio, privaciones, obligaciones, etc., no es la música que mas le gusta oír, y puede que le de el cambiazo por cualquier otro sonido mas de acorde con sus gustos y necesidades de su época, por eso, una vez mas advierto, ¡ojo al dato con el niño! Que para nada se pueden dejar solos y sin vigilancia y ejercicio de control.  Continúa en la 3ª parte saludos.

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