Doña Catita tuvo 5 hijas, enviudó muy joven y jamás volvió a casarse, debo cuidar a mis muchachas decía cada vez que alguien le preguntaba si no volvería a casarse, ella fue una mujer muy hermosa, muy respetable, honrada y muy de su casa, siempre buscando que hacer para tener unas monedas extras y darle lo necesario a sus hijas, muchas veces dejó de lado sus necesidades, primero ellas decía, y así pasaron los años tres de ellas terminaron su carrera de maestra, la mayor se graduó de enfermera, la más chica no quiso estudiar y muy joven se casó,ellas eran su orgullo, unas mujeres hermosas como lo había sido su madre, fue pasando el tiempo y una a una fue haciendo su vida, se fueron de la ciudad, hicieron una familia, pero olvidaron a su mamá, a doña Catita que cada tarde salía a asomarse a ver si por casualidad venía alguna de sus hijas a verla ...un buen día cayó en cama y nadie estuvo ahí para ayudarle ...solamente somos tu y yo le decía a su gato mientras suspiraba, solo tú y yo jacinto... parecía que jacinto entendía lo que ella sentía, su tristeza, su dolor de madre... cada día se iba apagando más y más doña Catita, hasta que un día un vecino la encontró abrazada de su gato, doña Catita había muerto mientras dormía, el fiel jacinto se quedó con ella hasta el final, sus hijas fueron llegando una a una a la humilde casita de doña Catita, venían de negro y grandes lentes oscuros, gritaban y se abrazaban de la caja ....ya para que dijo una vecina, ya para que...
Que feliz hubiese sido de verlas dar vuelta en la esquina y que le dieran un abrazo,pero por más flores y coronas caras que le trajeron doña Catita no se inmutó seguía ahí, inmóvil, con ese gesto de tristeza que la acompaño en sus últimos años
No hay comentarios:
Publicar un comentario