Cuando ustedes aman a alguien, ¿acaso se preguntan cómo lo aman? No, dicen: «Lo amo, lo amo…». Es seguro que lo aman, nadie lo duda, pero plantéense algunas preguntas acerca de la naturaleza de ese amor. Los humanos llaman amor a cada codicia, deseo, necesidad o ansia. Puesto que el sentimiento se encuentra allí, hay que ceder ante este. E incluso el razonamiento está prohibido: el intelecto se calla. Frente al corazón que está ocupado amando, el intelecto no tiene voz ni voto, el corazón le dice: «¡Cállate! Yo hablo, el amor habla, ¿qué tienes tú que decir?». En realidad, si el corazón y el intelecto trabajaran en colaboración, el amor se manifestaría en formas y colores más bellos.
Cuanto menos evolucionado es un ser, tanto más cede ante la insistencia de su amor sin analizar si es desinteresado, puro o útil. Puesto que ama, no tiene que reflexionar, ¡he ahí por qué existen tantas novelas, piezas de teatro y películas para contar las aventuras con frecuencia desastrosas de los que aman!
Omraam Mikhaël Aïvanhov
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