Y a veces... hasta viste de blanco.
El ego espiritual es el más sutil de todos.
No busca dominar desde el poder, sino desde la “luz”.
Te convence de que, por leer libros sagrados, meditar, usar cristales o repetir mantras, ya estás “despierto”.
Pero eso, muchas veces… solo es otro disfraz.
no es coleccionar rituales
ni exhibir verdades como trofeos.
Ser espiritual es dejar de fingir.
Es vivir con conciencia, con humildad, con conexión verdadera.
Es ver lo sagrado en un árbol, en un perro, en una lágrima, en el silencio.
La espiritualidad no se grita,
no necesita competir, ni convencer, ni controlar.
No busca salvación… busca presencia.
Porque el ser que realmente ha despertado,
no necesita probarlo.
Solo vive, siente, fluye, aprende...
Y sobre todo: suelta el ego que quiere demostrarlo todo.
No te hace superior, te hace más compasivo.
No busca reconocimiento, busca armonía con el todo.
Puede disfrazarse de gurú.
Puede usar la espiritualidad como máscara…
pero quien vive desde el alma, sabe que la verdad no necesita disfraces.
Vivir espiritualmente es quitarte capas, no ponértelas.
Es volver a la esencia. A lo simple. A lo real.
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