domingo, 22 de junio de 2025

LLEGÓ TARDE, OTRA VEZ (Por Susana Rangel)

 

Llegó tarde… otra vez.
Corrió como loca entre la gente, el metro no pasaba, el tráfico era un caos, y su celular sonaba sin parar. Al contestar, la niñera le dijo con tono molesto:
—Ya me tengo que ir. No puedo seguir esperándote.
Y en ese momento… se le vino el mundo encima.
No lloró. No gritó. Solo apretó la mandíbula, tragó saliva… y siguió corriendo.
Porque eso hacía todos los días.
Corría. Desde que salía el sol hasta que caía de agotamiento en la noche.
Corría para dejar a sus hijos, para llegar al trabajo, para cumplir en un empleo que no valoraba su esfuerzo, para encontrar quién cuidara a sus hijos, para hacer comida, para pagar deudas, para pedir disculpas por todo, hasta por respirar.
Nadie veía su esfuerzo. Nadie preguntaba si estaba bien.
Solo esperaban que cumpliera. Que sonriera. Que no fallara.
Y cuando por fin le salió una oportunidad de oro —una entrevista para un trabajo mejor—, el país entero se paralizó. Huelga nacional. Sin trenes. Sin camiones. Sin tiempo.
Pero ella no podía parar.
Porque si paraba… ¿quién pagaba el gas? ¿quién recogía a los niños? ¿quién resolvía todo?
Y eso que… ya había perdido la esperanza.
La corrieron de su último trabajo y de todos lados le cerraban las puertas.
Hasta que un día, de la nada, le hablaron de una agencia.
No la habían olvidado.
La entrevistadora simplemente había salido de vacaciones.
Y en ese mensaje… recuperó la fe.
La ilusión de que tal vez… esta vez sí.
Y así, con los pies ampollados, los ojos rojos y el corazón cansado, llegó.
Llegó a esa entrevista, sin aliento, sin maquillaje, sin traje bonito… pero con toda la fuerza del mundo.
Y entonces, por primera vez, alguien la miró de verdad.
No como una mujer desesperada, ni como una madre con prisas.
Sino como lo que era: una guerrera a punto de rendirse, pero que aún así… seguía de pie.
Porque eso hacen las que cargan con todo.
Las que no tienen plan B.
Las que viven a tiempo completo, aunque nadie lo note.
Y si tú eres de esas personas…
Detente un momento.
Respira.
Y recuerda:
Aunque el mundo no lo vea, tu esfuerzo vale.
Aunque no te aplaudan, lo que haces es grande.
Aunque parezca que no puedes más… ya has podido mucho.
Y eso, no cualquiera lo logra.
-Susana Rangel

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