lunes, 30 de junio de 2025

SOBRE EL CUERPO (Por Claudia A Hernandez)

 

El cuerpo, más que una estructura biológica, es un portal entre planos. En su materia se inscriben memorias que no nacen en esta vida, sino que vienen tejidas desde linajes antiguos, a veces incluso olvidados por la conciencia ordinaria. Cada síntoma, cada tensión, cada impulso, es una expresión sutil de una historia que busca ser reconocida, no solo para sanar, sino para liberar energía contenida que pertenece al propósito mayor del alma.
La corporalidad no es una prisión del espíritu, sino su vehículo más sagrado en esta dimensión. Por eso, cuando el cuerpo habla, está narrando aquello que el alma aún no ha integrado. Escucharlo es un acto de sabiduría, no de urgencia. A través del cuerpo se abren rutas hacia la raíz de patrones heredados, mandatos invisibles y promesas no cumplidas por generaciones pasadas.
El cuerpo no solo recuerda, también revela. En sus movimientos, dolores, posturas y necesidades se dibujan pistas del mapa evolutivo personal. Ignorarlo, rechazarlo o vivirlo como enemigo es perder la brújula que orienta el viaje de retorno hacia uno mismo. No hay propósito espiritual pleno sin encarnación consciente, sin presencia total en la experiencia corporal.
Cuando honramos el cuerpo, lo afinamos como instrumento para canalizar la energía que nos guía. La materia se vuelve sutil cuando es habitada con conciencia, y en esa alquimia se abren puertas donde lo ancestral y lo espiritual se encuentran, se reconcilian y se transforman. El cuerpo es, en última instancia, el templo donde la memoria se vuelve propósito y el alma encuentra su camino.
Claudia A. Hernández

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