En mi opinión, considero que, en muchas ocasiones, rendirse ante una
situación que se presenta ante nosotros como inabordable, o excesiva, o
que lo hace en un momento en que no estamos capacitados para afrontarla
por nuestro estado emocional de ese momento, la rendición se presenta
como la mejor alternativa.
Esas situaciones a las que me refiero
prometen ser dolorosas y ser el inicio de una tragedia personal de la
que se va a salir seriamente magullado o lastimosamente herido.
Me refiero a que rendirse es la mejor de las opciones de ese momento
concreto, pero es conveniente hacerlo sin las connotaciones negativas
que le adjudicamos al hecho, como por ejemplo: que deje la sensación de
fracaso y derrota, de humillación, o de abatimiento y vergüenza.
Defiendo con énfasis que todos los Seres Humanos tenemos la obligación
ética y digna de preservarnos, de ponernos a salvo de cualquier
sufrimiento. Lo mismo que unos dicen que se necesita sufrir para
aprender yo opino, por el contrario, que lo mismo se puede aprender con
amor… si uno se lo permite.
Si uno sigue enganchado a ese binomio
destructivo de que todo mal o todo error merece un castigo, va a tener
dificultades para des-culpabilizarse, y va a padecer –innecesariamente,
según creo- por algo que no debiera hacerle padecer.
Esto que vas
a poder leer al final del párrafo es un poco complicado de entender
para algunas personas, porque se opone frontalmente a cierto tipo de
enseñanzas que les han inculcado, así que les sugiero -a quienes les
choque la primera vez que lo lean- que lo intenten una y otra vez hasta
que sientan dentro de sí algo que lo aprehende y comprende dentro de sí
sin más explicaciones. Me refiero a sentir una especie de liberación
interior, o de descarga de un peso de siglos, o cualquier manifestación
que desde alguna parte de nuestro interior nos haga verlo con claridad y
nos dé permiso para liberarnos del yugo del sufrimiento innecesario.
Atención:
NO PERMITIR AL DOLOR QUE DUELA, ES VENCERLE.
Así de sencillo y así de claro.
La intención del dolor es hacer daño, y casi siempre es un daño
innecesario. Si sentimos ese dolor, le estamos permitiendo que logre su
objetivo, o sea, estamos posicionándonos del lado de nuestro agresor.
Ya avisé que no es fácil de aceptar para algunos.
Si algo “duele”, pues hay que entender ese dolor simplemente como un
toque de atención para que observemos lo que ha pasado y tomemos nota
para otra ocasión que se presente algo similar. Y ya está. Se acabó.
No es necesario prolongar ese dolor convirtiéndolo en sufrimiento perenne.
No es necesario martirizarse, ni flagelarse, ni ponerse un cilicio; no es imprescindible echarse vinagre en las heridas.
Si se le permite al dolor que se manifieste del todo, hasta su final
–que es un final breve siempre que uno no decida convertirlo en
sufrimiento alargándolo-, desaparecerá llevándose toda su ponzoña. Y no
seguirá doliendo.
Si se afronta cuando es solamente dolor y uno
se permite sentirlo totalmente, entrar en el él, comprobar dónde duele y
por qué, desaparecerá una vez que ha cumplido su cometido, que era
hacernos ver algo.
Si se hace así, ya no quedará la necesidad de
convertirlo en sufrimiento para seguir en contacto con él, porque se
habrá comprendido y ya no es necesaria su presencia y aún menos su
insistencia.
Mejor no oponerse al dolor, mejor permitirse recibir su impacto… y su enseñanza.
Mejor rendirse y dejarse calar por él, no luchar, no oponerse. Mejor
aceptarlo y abarcarlo en su totalidad. No hay que olvidar que somos
Humanos y tenemos derecho a recibir el golpe en los sentimientos que
cualquier cosa nos provoque. Pero solamente una vez. No hace falta que,
después y por nuestra cuenta, lo repitamos o lo multipliquemos.
Las cosas pueden doler, sí, pero… ¿Es necesario perpetuar ese dolor repitiéndolo o alargándolo?
Mejor rendirse a su presencia, vivirlo sin oposición y con consciencia,
aprender, aprehender, aceptar… y salir enriquecido y airoso de la
experiencia.
Y sí, se puede. A pesar de lo complicado o imposible que parece, sí se puede.
Permítete comprobarlo.
Te dejo con tus reflexiones…
Francisco de Sales
domingo, 1 de marzo de 2026
COMO MANEJAR EL DOLOR (Por Francisco de Sales)
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