Dar
amor es, para muchos de nosotros, uno de esos aspectos que nos generan
dificultades, y muchas dudas. Desde pequeños, aprendemos a dar y recibir
amor de manera condicionada, y a medida que crecemos este
comportamiento se perpetúa, limitando nuestras relaciones afectivas y
causándonos muchísimo sufrimiento.
La mayoría de nosotros tenemos problemas para dar amor porque hemos confundido su significado desde un principio.
A
medida que atravesamos nuestros años de la infancia, es usual
encontrarse con muchas medidas de manipulación paterna o adulta.
Nuestros padres no hacen esto porque son malos, sino porque sienten que
ejerciendo este tipo de control pueden protegernos o educarnos en base a
lo que ellos mismos han aprendido.
Entonces,
cuando vamos creciendo vamos aprendiendo que si somos “buenos”, y
hacemos lo que los demás esperan de nosotros, recibiremos aprobación,
reconocimiento, afecto y hasta recompensas materiales a cambio de
nuestro esfuerzo. En este trayecto, incontables veces terminamos
traicionándonos a nosotros mismos, a nuestros anhelos internos, a
nuestros deseos o a nuestra intuición para acomodar a la figura de
autoridad de turno. Esto es un mecanismo de supervivencia que se activa
automáticamente porque nuestro inconsciente sabe que de estas personas
depende nuestra supervivencia, y debemos acomodarnos a la situación si
queremos sobrevivir nuestros años más vulnerables.
A
medida que vamos creciendo, aprendemos que si nos comportamos de
determinada manera, la otra persona nos dará lo que queremos, y nos
damos cuenta de que podemos manipular a otros de la misma manera,
obteniendo lo que queremos a cambio de que sean o hagan según nuestras
preferencias.
Esta
manera de ser termina esclavizando tanto a los otros como a nosotros
mismos, ya que cuando la otra persona no actúa según lo esperado, nos
sentimos vulnerables e inseguros, adoptando las máscaras de la ofensa,
el enojo, el victimismo, la tristeza y el miedo. En nuestro interior,
todavía creemos que para poder subsistir debemos obtener lo que queremos
de la otra persona, y cuando esto no sucede nos causa un gran
sufrimiento.
La
realidad es que el amor no proviene de afuera, sino que es algo que
forma parte de nuestra naturaleza original. El amor es algo que se
experimenta en el interior y desborda hacia el exterior, no es algo de
lo que carecemos y debemos obtener de los demás. Cuando nos sentimos
llenos de amor, no necesitamos obtener algo específico del otro a
cambio, sino que nos damos cuenta de que el amor forma una parte tan
poderosa de quienes somos que no podemos más que dejarlo salir.
El
amor no es una dependencia enfermiza que nos esclaviza, sino que es una
aceptación que nos libera. Amor no es apego ni necesidad, es respeto y
compasión, es querer lo mejor para los demás tal como lo queremos para
nosotros mismos, a pesar de que sus deseos no cuadren con los nuestros.
Amar
a una persona es darle la libertad de ser quien es, libre de nuestros
prejuicios, preferencias y necesidades. Cuando amamos, nos brindamos tal
cuales somos sin escatimar y sin esperar nada a cambio. Lo hacemos
porque así nos sentimos, y porque lo elegimos, haciéndonos cargo de
nuestra elección y sin culpar a nadie por los resultados.
Todo
lo que necesitamos proviene de nuestro interior, y nada ni nadie puede
proveernos desde el exterior algo que sentimos que no poseemos por
derecho propio. Por lo pronto, mi sugerencia es convertirnos en nuestros
mayores proveedores de amor. Si necesitamos una caricia, nos
acariciamos, si necesitamos que alguien nos diga que nos ama, nos lo
decimos al espejo, si necesitamos un mimo, nos mimamos, y cuando
aprendamos que la capacidad de todas esas cosas está dentro nuestro, la
próxima vez que queramos experimentar amor, lo daremos, y también será
para nosotros.
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