lunes, 23 de marzo de 2026

EL DON DE AMAR (Por Herrero de La Aldea)

 

Dar amor es, para muchos de nosotros, uno de esos aspectos que nos generan dificultades, y muchas dudas. Desde pequeños, aprendemos a dar y recibir amor de manera condicionada, y a medida que crecemos este comportamiento se perpetúa, limitando nuestras relaciones afectivas y causándonos muchísimo sufrimiento.
La mayoría de nosotros tenemos problemas para dar amor porque hemos confundido su significado desde un principio.
A medida que atravesamos nuestros años de la infancia, es usual encontrarse con muchas medidas de manipulación paterna o adulta. Nuestros padres no hacen esto porque son malos, sino porque sienten que ejerciendo este tipo de control pueden protegernos o educarnos en base a lo que ellos mismos han aprendido.
Entonces, cuando vamos creciendo vamos aprendiendo que si somos “buenos”, y hacemos lo que los demás esperan de nosotros, recibiremos aprobación, reconocimiento, afecto y hasta recompensas materiales a cambio de nuestro esfuerzo. En este trayecto, incontables veces terminamos traicionándonos a nosotros mismos, a nuestros anhelos internos, a nuestros deseos o a nuestra intuición para acomodar a la figura de autoridad de turno. Esto es un mecanismo de supervivencia que se activa automáticamente porque nuestro inconsciente sabe que de estas personas depende nuestra supervivencia, y debemos acomodarnos a la situación si queremos sobrevivir nuestros años más vulnerables.
A medida que vamos creciendo, aprendemos que si nos comportamos de determinada manera, la otra persona nos dará lo que queremos, y nos damos cuenta de que podemos manipular a otros de la misma manera, obteniendo lo que queremos a cambio de que sean o hagan según nuestras preferencias.
Esta manera de ser termina esclavizando tanto a los otros como a nosotros mismos, ya que cuando la otra persona no actúa según lo esperado, nos sentimos vulnerables e inseguros, adoptando las máscaras de la ofensa, el enojo, el victimismo, la tristeza y el miedo. En nuestro interior, todavía creemos que para poder subsistir debemos obtener lo que queremos de la otra persona, y cuando esto no sucede nos causa un gran sufrimiento.
La realidad es que el amor no proviene de afuera, sino que es algo que forma parte de nuestra naturaleza original. El amor es algo que se experimenta en el interior y desborda hacia el exterior, no es algo de lo que carecemos y debemos obtener de los demás. Cuando nos sentimos llenos de amor, no necesitamos obtener algo específico del otro a cambio, sino que nos damos cuenta de que el amor forma una parte tan poderosa de quienes somos que no podemos más que dejarlo salir.
El amor no es una dependencia enfermiza que nos esclaviza, sino que es una aceptación que nos libera. Amor no es apego ni necesidad, es respeto y compasión, es querer lo mejor para los demás tal como lo queremos para nosotros mismos, a pesar de que sus deseos no cuadren con los nuestros.
Amar a una persona es darle la libertad de ser quien es, libre de nuestros prejuicios, preferencias y necesidades. Cuando amamos, nos brindamos tal cuales somos sin escatimar y sin esperar nada a cambio. Lo hacemos porque así nos sentimos, y porque lo elegimos, haciéndonos cargo de nuestra elección y sin culpar a nadie por los resultados.
Todo lo que necesitamos proviene de nuestro interior, y nada ni nadie puede proveernos desde el exterior algo que sentimos que no poseemos por derecho propio. Por lo pronto, mi sugerencia es convertirnos en nuestros mayores proveedores de amor. Si necesitamos una caricia, nos acariciamos, si necesitamos que alguien nos diga que nos ama, nos lo decimos al espejo, si necesitamos un mimo, nos mimamos, y cuando aprendamos que la capacidad de todas esas cosas está dentro nuestro, la próxima vez que queramos experimentar amor, lo daremos, y también será para nosotros.

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