miércoles, 11 de marzo de 2026

LA COMPASIÓN (Por Leon Wenborne)

 Es uno de los valores morales universales, del Latín “cumpassio” que significa acompañar, el cual fue adquirido y traducido del griego “sympathia” se manifiesta por principio de la empatía pues viene del sufrimiento de otro ser, pero a su vez es más intensa, ya que incluye el deseo de aliviar, ayudar o disminuir el daño que recibe el otro.
La compasión es la mente que siente aprecio por los demás y desea liberarlos de su sufrimiento.
En ocasiones, deseamos que una persona deje de sufrir por motivos egoístas; esto ocurre en las relaciones basadas en el apego. Por ejemplo, si un amigo está enfermo o se siente mal o triste, deseamos que se mejore lo antes posible para volver a tener su compañía, pero esto es un deseo egoísta. Practicar verdaderamente la compasión consiste estimar a los demás. Aunque tenemos cierto grado de compasión, este es limitado y parcial. Cuando nuestros familiares y amigos están sufriendo, podemos sentir empatía por ellos con facilidad, pero nos resulta más complicado sentir lo mismo por las personas que nos resultan desagradables o por los desconocidos.
Sentimos compasión por los seres cuyo sufrimiento es evidente, pero generalmente no por los que disfrutan de lujos, ni por los que cometen acciones que dañan y lastiman a otro ser.
Si de verdad deseamos ser compasivos a un nivel de iluminación, debemos abarcar a todos los seres sin excepción, al igual que una madre es compasiva con sus hijos aunque se porten mal.
La compasión es un sentimiento que conmueve y a su vez duele y por ello tenemos la necesidad de ayudar, cuidar, proteger, salvaguardar, dar ánimo y fortaleza al que padece el sufrimiento. Es sentir, comprender el dolor de otro, sobre ponerse a ese sufrimiento y tomar acción, es decir hacer algo al respecto.
La compasión es enemiga del egoísmo y el egocentrismo pues centra su atención en otro ser, la persona que es compasiva practica diferentes valores como la bondad, la solidaridad, la cooperación entre otras. Este sentir o valor no es exclusivo del ser humano pues se han registrado casos donde distintos animales han realizado acciones para cuidar proteger o ayudar a otro ser sin importar si es un miembro de su comunidad incluso de su misma especie.
Si no valoramos el esfuerzo de otros y el impacto que tienen en nuestras vidas… simplemente los veremos como objetos de ser utilizados y no como los seres magníficos que son… un buen ejercicio es el reflexionar sobre el lugar de donde vienen todas aquellas que uso o que me rodean y quienes contribuyeron para que pudiese disfrutarlas… desde mi ropa, la escuela a la que asisto o asistí… el camino por donde ando la comida que disfruto en mi plato entre muchísimas otras , todo eso fue gracias al esfuerzo de otro.
Tener compasión y sentir lástima no es lo mismo. Muchas veces contemplamos la desgracia como algo sin remedio y sentimos escalofrío al pensar “¡qué seria de nosotros en esa situación!”, pero no hacemos nada por cambiarla. En este caso, debemos sentir compasión por nosotros mismos. Constancio C. Vigil dijo alguna vez: “Cuatro son los caminos que llevan al Señor: la sabiduría, la justicia, la belleza y, el más seguro de todos, la compasión.”

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