La ingratitud .-
¿Es cierto que la ingratitud es parte de la naturaleza humana?
Hay varios factores que intervienen en el proceso de la ingratitud. Los
he analizado sin autoridad académica, basado simplemente en mi
experiencia.
Creo que la ingratitud parte de un desproporcionado
sentido de superioridad personal que muchos alientan sin razones
aparentes para justificarlo. Recuerdo a un vagabundo placeteño que se
sustentaba de la limosna que manos generosas le hacían llegar. Alguien
me mencionó que la característica de este pobre hombre era que nunca
daba las gracias por lo que recibía. Cuando le llamaban la atención
sobre esta descortesía, que iba en contra de él mismo, su atención se
desviaba y continuaba impertérrito su camino. En cierta ocasión logré
una conversación con este típico pordiosero pueblerino, y de pronto le
hice esta pregunta: ¿por qué nunca das las gracias por lo que te dan?.
Su respuesta no la olvido: “Porque no me dan sino de lo que les sobra”.
Para ser agradecidos es necesario despojarse de la idea de que la
gratitud exalta de forma indeseada al dador. Yo estimo que quizás, en
efecto, en algunos casos la gratitud tenga algo de servilismo, y que en
otros tantos la persona que la recibe sienta un impulso hacia la
superioridad; pero se trata de situaciones aisladas, de excepción. En la
vida cotidiana las cosas no tienden a suceder de esa forma.
He
visto que la ingratitud en muchos casos es un problema de comunicación
más que de sentimiento. La gratitud que no se expresa, se disminuye;
pero no nos damos cuenta.
Hay mucha gente agradecida que
proyecta ingratitud por el simple hecho de que no se animan a vestir de
palabras los sentimientos que anidan. A menudo me encuentro con personas
que me dicen cuán agradecidas están por esto o aquello que pude alguna
vez hacer a favor de sus vidas.Recuerdo las palabras de un viejo poema
cuyo autor desconozco: “ , la voz nos la dio Dios para que le
habláramos, y las bendiciones nos las da para que se las
agradezcamos...”.
Hay que reconocer que la ingratitud suele ser
una distorsión del carácter. Hay gente que no agradece porque es mala.
Los envidiosos, los avariciosos, los orgullosos y pudiéramos alargar la
lista , son ingratos porque en el corazón no le caben virtudes, ya que
lo tienen lleno de vicios. Diderot puso de manifiesto su cinismo cuando
dijo que “la gratitud es una carga y las cargas se hacen para que nos
las quitemos de encima”.
En efecto, la ingratitud es una falsa
superioridad, un silencio impropio y una mancha del carácter Pero
también es un problema de educación religiosa. Y añado el adjetivo
“religiosa” por aquello de que para muchos la gratitud es una simple
falta de educación .Decir gracias puede, en efecto, ser una expresión de
educación, cultura y decencia; pero no necesariamente una expresión de
sinceridad. Y de esto debemos cuidarnos.
La Biblia abunda en
menciones a la gratitud. Si fuéramos a escribir un artículo
estrictamente religioso el material nos sobreabundaría. En términos
concretos, La Biblia nos demanda gratitud a Dios en todo, y la promueve
en nuestras relaciones humanas. Hay textos en los que Jesús condena la
ingratitud, y la misma tendencia se hace expresiva en las epístolas. En
el Antiguo Testamento, los Salmos y los Proverbios demandan la gratitud y
condenan la ingratitud.
Los ingratos, o son ateos, o no
mantienen una relación apropiada con Dios. Yo he descubierto que
cuando una persona experimenta una renovación espiritual, el
resurgimiento de la gratitud es parte integral de esa renovación.
Tenemos el caso de los peregrinos, quienes nos legaron la celebración
del Día de Acción de Gracias. Se congregaron no para agradecer excesos,
lujos, abundancias o riquezas. Agradecieron la victoria sobre la
intemperie y la brevedad de lo elemental para vivir. En sus
circunstancias los incrédulos hubieran explotado de agresiva ingratitud.
Es triste que haya ingratos. Y lo más triste es que las personas
generosas, nobles y amables reciban la ingratitud como un dardo traidor
que les taladra el alma. Aunque no hagamos el bien para que nos lo
agradezcan, como proclaman mucho, todo el que hace un bien por impulso
de su amor quisiera recibir al menos una sonrisa de la persona que
recibe tal beneficio.
“Si recoges a un perro hambriento y lo
alimentas, nunca te morderá; esa es la diferencia entre un perro y un
hombre”, decía Mark Twain. Es cierto que la ingratitud es un deterioro
de nuestra humanidad, una mancha en nuestro carácter, un peligroso
déficit en nuestra personalidad. Lamentablemente hay muchas personas que
no son conscientes de esta realidad.
Yo creo, a fin de cuentas,
que lo mejor del mundo es hacer el bien y no esperar otra recompensa que
la del gozo de hacerlo. ¿Puede usted decirme el nombre del buen
samaritano de la parábola de Jesús?. El pobre hombre golpeado y
abandonado a su suerte que fue rescatado por el buen samaritano sabía
todo lo que tenía que agradecer; pero no sabía a quien agradecérselo.
Quizás tú y yo tengamos la ventaja de saber a quien expresarle nuestra
gratitud. El crimen sería que la calláramos, sobre todo a Dios, quien es
aún capaz de oír la silenciosa voz de nuestros corazones
lunes, 23 de marzo de 2026
LA INGRATITUD (Por Leon Wenborne)
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