En mi opinión, algunas personas pierden demasiado tiempo estancados en
un estado de queja crónica, queja casi por cualquier cosa, sin darse
cuenta de la inutilidad de su actitud y del perjuicio que le provoca.
Quejarse por quejarse, sin que tras ello haya una intención de
mejoramiento, es una autoagresión que lleva –además- a formar un
concepto negativo de la vida personal, y de la vida y el mundo en
general.
La mente tiene una tendencia absurda a hacer negativo
todo el conjunto global personal cuando es solamente una cosa el objeto
inicial de la queja. Así que, si uno le deja, ella formará todo un
desvarío de negatividades que sepultarán inevitablemente las cosas
buenas que también existen. Autocastigo incoherente e inadmisible en el
que uno se encierra sin ser capaz de ver ni un milímetro más allá.
La queja, por sí misma, sin una acción posterior encaminada a eliminar
el motivo que provoca la queja, no produce ningún cambio positivo. Por
el contrario, se enzarza en una espiral protestona que es una
lamentación continuada propia del masoquismo más abyecto y absurdo.
No hay ni una sola ventaja o cosa positiva en la queja que solamente es una queja y se limita solamente a quejarse.
Y hay quejas que son inútiles: quejarse por el tráfico, por la
climatología, por tener que esperar en una cola cuando es obligatorio
estar en ella, por la economía mundial, por otras personas… y no estoy
diciendo que uno no tenga derecho a emitir su opinión, lo que digo es
que llevarse un disgusto por ello que afecte al estado de ánimo
–teniendo en cuenta que uno no puede hacer nada para cambiar ciertas
cosas-, o a teñir de negatividad el conjunto de la vida, o a estar
enojado y con un mal humor que posiblemente padecerán los allegados que
no tienen nada que ver ni tienen culpa alguna, eso es lo que no tiene
ninguna utilidad ni sentido.
Uno puede opinar, criticar, creer,
expresar… por supuesto, pero al mismo tiempo debería valorar si esa
queja lo que pretende es demostrar que uno es más listo, que lo hubiera
hecho mejor, que no acepta ciertas cosas, o que se siente superior al
resto. En estos casos es el ego quien ha tomado posesión y mando y quien
está llevando a la persona a una actitud contraproducente que le
convierte en víctima de sí misma.
Lo inconveniente es la queja crónica que parece que se regodea en el malestar que ella misma provoca.
¿Para qué quejarse?
Las preguntas que dan respuestas más atinadas y útiles no son las que
comienzan con un POR QUÉ –que implica más curiosidad que necesidad
imprescindible de conocer el origen- sino las que comienzan con un PARA
QUÉ, porque en su respuesta está la utilidad.
¿Para qué quejarse?
Pues para hacer uso del derecho a expresarse. De acuerdo. Correcto, ¿Y
qué más?, ¿Qué más respuestas hay? Esta sola, y aún siendo cierta, no es
suficiente. ¿Para qué quejarse?
Una respuesta sincera llevará
directamente a la conclusión de que la queja, si no se puede hacer nada
–porque no depende de nosotros- o no se hace nada –y esto sí depende de
nosotros-, no tiene utilidad positiva.
Si tiene remedio o solución, a por ello.
Si no tiene remedio o solución, a aceptarlo y no darle más vueltas. Y a Vivir.
La energía y el tiempo que se le dedican a las quejas inútiles se
pueden dedicar a cosas más agradables y más positivas. Y es mejor que
ese tiempo y esa energía no pasen a formar parte del tiempo de Vida
perdido.
Los asuntos hay que resolverlos y no limitarse a quejarse.
Te dejo con tus reflexiones…
domingo, 1 de marzo de 2026
¿PARA QUE SIRVE QUEJARSE? (Por Emma Fernandez)
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario