La vida establece sus códigos y la transgresión de los mismos genera
los acontecimientos que se transforman en infortunio para los
imprudentes, sean o no conscientes de la responsabilidad en la acción
que practiquen. Es obvio, que siempre hay factores ponderables que son
tenidos en cuenta, agravando o disminuyendo las consecuencias, conforme
la conciencia de cada uno.”
Nadie huye de las leyes de Dios que tienen vigencia en todas partes y que están escritas en la conciencia de
todos los hombres. Nadie huye de si mismo, ni de las escenas escabrosas
que cometa, del remordimiento que suele dominar por largo periodo. Eso
sucede más tarde cuando el espíritu despierta y está dispuesto al
rescate, y empieza el periodo de resarcimiento. La punición divina, el
pecado mortal nunca se hace de manera destructiva del pecador, sino de
forma que lo eleve, invitándolo a reparar todos los daños practicados,
mediante acciones edificantes y restauradoras del equilibrio. Por eso es
muy difícil juzgar correctamente, por el discernimiento de las causas
profundas y la percepción de todo en los acontecimientos, que solo la
Conciencia Cósmica penetra. Pero nadie se libera de la culpa, sin
padecer sus efectos dañinos y crueles.
Trabajo realizado por Merchita.
Extraído del libro “Sexo y Obsesión” de Divaldo Pereira Franco.
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