Viene
de la 2ª parte. En
un pasado no muy lejano no existía la “jubilación”, y a las personas que
llegaban a avanzada edad pasaban a ser dependientes de sus hijos o
familiares
cercanos, y como había que colaborar se le asignaban tareas de escaso
esfuerzo
físico y mental mas o menos adaptadas a las condiciones de cada cual, en
aquellos tiempos nadie padecía por aburrimiento o por no
tener que hacer, pero también era lamentable el ver a personas con un
avanzado
estado de desgaste, cargados de responsabilidades y tareas asta el final
de sus
días, sin derecho a disfrutar de una etapa de descanso y libertad para
poder
realizar todas aquellas cosas que no pudieron llevar a cabo por no
disponer del
tiempo y recursos necesarios.
Hoy
disponemos (salvo excepciones) de nuestra paguita que nos evita el ser
dependientes
de nuestros familiares, y de un tiempo para poder descansar o hacer lo
que nos
apetezca, pero ¡he aquí! lo complicado del “ser humano”, en muchos casos
tampoco estamos conformes, apreciamos que nuestros cuerpos envejecen y
se
deterioran, y eso no nos gusta, nosotros queremos estar siempre jóvenes,
tener
de todo, poder hacer todo lo que nos gusta y apetece, y que todo
obedezca y se
comporte según nuestros criterios y gustos, y si no es así, nos sentimos
mal, o
nos aburrimos y aburrimos también al que hay a nuestro lado, y llegado a
este
punto nos atrevemos a decir que este mundo es un despropósito y que la
vida carece de sentido etc., estas y otras formas de apreciar y
conceptuar nuestra
situación y nuestra propia vida, nos apartan por completo de todos y
cada uno
de los senderos que conducen a la armonía y felicidad.
El
paso de una etapa a la siguiente no se produce de golpe, todo es progresivo,
porque conlleva el cese de unas actividades y el comienzo de otras, cambios en
la escala de valores y prioridades necesarios para hacer frente a todo lo nuevo
que se va incorporando y mantener la ilusión en alza para la realización de
labores y tareas que conforman la nueva etapa.
Pongamos
algún ejemplo que nos ayude a comprender lo que intentamos explicar: Supongamos
que decidimos vivir en pareja y formar una familia, lo primero por hacer es
informarnos de todo lo nuevo que nos espera y aceptarlo con sus ventajas e
inconvenientes, y hacer balance de todo lo que hemos de dejar de hacer y
nuevamente aceptarlo, todo cambio te da la oportunidad de adentrarte en lo
desconocido para aprender y progresar, y de ir dejando atrás lo conocido y
superado, y esta es la mecánica que nos conduce al progreso.
Cada
etapa hay que aceptarla de forma integral, no vale decir, esto me interesa y
esto otro no, y si lo hacemos estamos desequilibrando el conjunto y la vida
pierde calidad.
Los
cambios no su producen en una edad fija, depende de la forma de ser de
cada cual, hay personas que aún son adolescentes y se comportan como adultos y
viceversa, yo he conocido a personas que por su edad deberían sentirse ancianos
y sin embargo se comportaban como adultos y a veces como jóvenes, pero lo
importante es que procuremos estar a la altura de las circunstancias aceptando
y amando la realidad de cada momento.
Yo
he estado al lado de mis mayores en su recta final y alguno de ellos bajo
ningún concepto aceptaba su realidad ni su época, siempre estaba recordando y
añorando su juventud y las formas de vivir la vida de aquella época, hacía
comparaciones y terminaba desanimado y en actitud de reproche con su propia
realidad y de esta forma se lo pasaba muy mal.
Cada
una de las circunstancias que tenemos delante en cada momento de nuestra vida,
es o bien la cosecha de nuestra siembra, o que por ley nos corresponde según
nuestro destino, en cualquiera de ambos casos la actitud mas inteligente y
beneficiosa es la de aceptar lo que hay y actuar de la forma mas favorable
según las condiciones.
El
llegar a la jubilación no quiere decir que seamos personas no aptas para la
realización de tareas, oficio, programa de ayuda, deportes, etc.
Una
de las realidades que genera la mayor parte de los conflictos, no en todos los
casos, pero si en la mayoría, es cuando vivimos con nuestra pareja, y ambos estamos
adaptados a unas formas de vida en las que una parte del tiempo lo pasábamos
dedicados a nuestra profesión y otros actos y ello nos permitía sentirnos
importantes y realizados dentro de ese círculo, y dependiendo de lo que para
nosotros signifique, cuando llega la jubilación todas estas actividades al
dejarlas de golpe se crea como un vacío, una falta de algo importante.
Esto por un lado, y por otro nos encerramos en casa con nuestro cónyuge, que a su vez también estaba acostumbrado-a a tener ese tiempo en intimidad realizando sus labores muy a su aire, etc., y de un día para otro nos empeñamos en estar siempre juntos compartiendo el mismo espacio, y en la mayoría de los casos se produce una saturación y se hace de menos ese espacio de tiempo en intimidad individual que durante tanto tiempo hemos tenido y al cual estábamos adaptados, y también el sentirse útiles e importantes realizando labores o tareas que obren en favor nuestro y de los demás.
Esto por un lado, y por otro nos encerramos en casa con nuestro cónyuge, que a su vez también estaba acostumbrado-a a tener ese tiempo en intimidad realizando sus labores muy a su aire, etc., y de un día para otro nos empeñamos en estar siempre juntos compartiendo el mismo espacio, y en la mayoría de los casos se produce una saturación y se hace de menos ese espacio de tiempo en intimidad individual que durante tanto tiempo hemos tenido y al cual estábamos adaptados, y también el sentirse útiles e importantes realizando labores o tareas que obren en favor nuestro y de los demás.
Continúa en la 4ª parte, saludos.
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