domingo, 1 de marzo de 2026

SOBRE LAS HERIDAS DE LA INFANCIA (Por SER Psicología en movimiento)

 

En los últimos años se ha vuelto común explicar casi cualquier conducta apelando a “las heridas de la infancia”. La expresión suena profunda, parece ofrecer una causa clara y además despierta empatía. El problema no es reconocer que la infancia influye en el desarrollo, eso es indiscutible en psicología. El problema surge cuando el concepto se usa de forma vaga, como una explicación total que reemplaza el análisis.
Ninguna conducta se mantiene solo por algo que ocurrió hace veinte o treinta años. Se mantiene porque hoy, en el contexto actual, está siendo reforzada de algún modo. Puede aliviar ansiedad, evitar conflicto, generar atención o reducir culpa. Si no se analizan esas variables presentes, señalar una herida temprana se vuelve una explicación incompleta.
Las experiencias tempranas pueden contribuir a la formación de creencias centrales sobre uno mismo, los demás o el mundo. Sin embargo, esas creencias no son sentencias inmutables. Se actualizan con la experiencia y pueden modificarse. Cuando todo se reduce a una herida infantil, se transmite la idea de que la persona está determinada por su pasado y que su conducta actual es casi inevitable.
El enfoque contextual insiste en mirar la función del comportamiento aquí y ahora. Comprender el origen posible de un patrón puede aportar información valiosa, pero no lo justifica ni lo vuelve inevitable. Explicar no es eximir de responsabilidad. Una historia difícil puede ayudar a entender por qué alguien aprendió ciertas respuestas, pero el trabajo terapéutico consiste en ampliar repertorios, no en consolidar una identidad basada en el daño.
El uso indiscriminado de este tipo de conceptos también tiene un efecto cultural. Puede fomentar que las personas interpreten cada conflicto, cada límite y cada frustración como activación de una herida. Esto amplifica el malestar y desplaza la atención de habilidades actuales como regulación emocional, solución de problemas y toma de decisiones.
La psicología basada en evidencia no niega el peso de la historia personal. Lo que cuestiona es la simplificación. La conducta humana es producto de múltiples variables, pasadas y presentes. Reducirla a una etiqueta amplia puede sonar comprensivo, pero empobrece la comprensión real y, en muchos casos, dificulta el cambio.
Mtra. Claudia A. Hernández

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