Supe que estaba creciendo… cuando dejé de querer demostrarlo todo. 
No fue por las arrugas ni por las canas.
Tampoco porque ya no entienda la música de moda o prefiera quedarme en casa.
Fue más silencioso.
Un día entendí que ya no discuto para tener razón,
no persigo a quien se va,
no espero disculpas de quien no sabe pedirlas.
Simplemente suelto. Cierro. Sonrío… y sigo.
Ya no me incomoda el silencio 
ni necesito agradar a todos.
Mi cuerpo no es mi enemigo;
es mi hogar, el que me sostuvo en cada amor, cada pérdida, cada noche difícil.
Me estoy haciendo mayor, sí…
pero también más libre. 
Sin prisas. Sin culpas. Sin “tengo que”.
Ahora disfruto el café caliente 
respondo cuando quiero,
uso lo que me hace sentir cómoda,
escucho la lluvia y me abrazo más seguido. 
Ya no corro.
Simplemente estoy.
Y por primera vez… eso es suficiente. 
єναѕтуℓєχ
No hay comentarios:
Publicar un comentario