Sí, tus demonios.
Tu rabia.
Tu dolor.
Tu ansiedad.
Tu pasado.
Tus traumas.
Tus noches oscuras.
Tus decepciones.
Tus heridas.
Todo eso que casi te rompe…
también puede volverte peligroso de la mejor manera.
Porque hay personas que se hunden por lo que vivieron…
y otras que convierten ese infierno en combustible.
La mayoría pasa la vida huyendo de sus demonios.
Negándolos.
Escondiéndolos.
Fingiendo que no existen.
Pero tarde o temprano te alcanzan.
Y ahí tienes dos opciones:
o dejas que te destruyan…
o los encadenas y los pones a trabajar para ti.
Usa tu rabia para entrenar.
Usa tu dolor para volverte más disciplinado.
Usa tu rechazo para construir algo tan sólido que nadie pueda ignorarte.
Usa tu soledad para conocerte.
Usa tus cicatrices para recordar que sobreviviste a cosas que antes juraste que te matarían.
No todo lo oscuro en ti vino para arruinarte.
Parte de eso vino para despertarte.
Porque a veces tu mejor versión no nace de la paz.
Nace del caos que lograste dominar.
No se trata de convertirte en un monstruo sin control.
Se trata de aprender a tomar lo peor que hay dentro de ti…
y transformarlo en enfoque, fuerza, ambición, resistencia y poder.
Haz que tus demonios carguen tu disciplina.
Haz que tu dolor alimente tu visión.
Haz que tu pasado deje de ser una prisión…
y se convierta en un arma.
Lo que no te destruye no siempre te hace más amable.
A veces te hace más fuerte.
Más frío.
Más claro.
Más peligroso para todo lo que quiera verte caer.
La oscuridad mal usada te consume.
Pero la oscuridad bien dirigida…
te vuelve imparable.
No huyas de tus demonios.
Domínalos.
Úsalos.
Y haz que trabajen para tu grandeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario