jueves, 16 de abril de 2026

EL ALMA ADORA LA UNIDAD (Por Juan Pablo Deiklier)

 

Cuando te resuelves a ejercer la hospitalidad interior, cesa el tormento. Los yos abandonados, descuidados y negativos forman una unidad . El alma es sabia y sutil; reconoce que la unidad fomenta el arraigo. El alma adora la unidad. Lo que tú separas, ella lo une. A medida que tu experiencia se extiende y profundiza, tu memoria se vuelve más rica y compleja. Tu alma es la sacerdotisa de la memoria, que escoge, tamiza y en última instancia reúne tus días fugaces hacia la presencia. Esta liturgia de recordar (o acordar) nunca cesa. La soledad humana es rica e infinitamente fecunda.En la soledad de la naturaleza prima el silenció.
Esto se expresa en un bello proverbio celta: Castar na daoine ar a chéile ach ni castar na sléibhte ar a chéile. «Lasmontañas jamás se encuentran, pero las personas siempre pueden hacerlo.» Es extraño que dos montañas, vecinas durante millones de años, jamás puedan acercarse. En cambio, dos desconocidos pueden descender de esas montañas, reunirse en el valle y compartir sus mundos interiores. Esta separación debe de ser una de las experiencias más solitarias de la naturaleza. El mar deleita la vista humana. La costa es un teatro de movimiento armonioso. Cuando la mente está desconcertada, es agradable pasear por la playa y dejarse impregnar por el ritmo del mar.
El mar desenreda la mente anudada. Todo se suelta y vuelve a integrarse. Se alivian, liberan y curan las falsas divisiones. Pero el mar no se ve a sí mismo. La misma luz que nos permite ver todo no puede verse a sí misma; la luz es ciega. En la Creación de Haydn, «la vocación del hombre y la mujer es celebrar y completar la Creación». Nuestra soledad es distinta. A diferencia de la naturaleza y el mundo animal, la mente humana contiene un espejo y éste reúne todos los reflejos. La soledad humana es antisolitaria. La soledad humana profunda es un lugar de gran afinidad y tensión. Cuando accedes a ella, te vuelves compañero de todo y de todos.
Cuando te extiendes frenéticamente hacia el exterior y buscas refugio en tu imagen externa o tu función, te destierras. Cuando vuelves pacientemente y en silencio a tu yo, entras en la unidad y la comunión. Nadie sino tú puede intuir la eternidad y la profundidad ocultas en tu soledad. Éste es uno de los aspectos solitarios de la individualidad. Sólo adquieres conciencia de lo eterno en ti cuando confrontas tus miedos y los obligas a retroceder. El elemento verdaderamente solitario en la soledad es el miedo. Eres el custodio y la puerta al mundo que llevas en tu interior; nadie más tiene acceso. Nadie puede ver al mundo ni sentir tu vida de la misma manera que tú.
Cada persona ocupa un terreno tan distinto que las comparaciones son imposibles. Cuando comparas tu yo con otros, invitas a la envidia a entrar en tu conciencia; puede ser un huésped peligroso y destructivo. Una de las grandes tensiones de la vida espiritual que despierta es hallar el ritmo de su lenguaje, percepción y comunión singulares. La fidelidad a la propia vida requiere un compromiso y una visión constantemente renovados. Si tratas de visualizarte a través de las lentes que te ofrecen otros, sólo verás distorsiones; tu propia luz y belleza aparecerán borrosas, desagradables y feas.
Tusentido de la belleza interior debe ser algo muy íntimo. Lo sagrado es hermano de lo secreto. Nuestros tiempos padecen un alto grado de desacralización precisamente porque se ha desvanecido lo secreto. Nuestra tecnología moderna de la información es una gran destructora de la intimidad. Debemos proteger lo más profundo y reservado que hay en nosotros. Por eso la vida moderna tiene tanta sed de lenguaje del alma,que es una presencia tímida. La sed de lenguaje del alma demuestra que ésta se ha visto obligada a refugiarse en lo más recóndito, donde puede seguir su propia textura y ritmo. Al proclamar la doctrina de la autosuficiencia, el mundo moderno ha negado el alma y la ha obligado a llevar una existencia marginal y precaria.
Acaso una manera de conectarte con la vida más profunda consista en recuperar la conciencia de la timidez del alma. Si bien puede crear dificultades, la timidez es una cualidad atractiva. En un consejo inesperado, Nietzsche dice que una de las mejores maneras de despertar el interés de otro es sonrojarse. El valor de la timidez, su misterio y su discreción son ajenos a la inmediatez frontal de los encuentros modernos.
Para conectarnos con nuestra vida interior debemos aprender a no aprehender el alma de manera directa o conflictiva. Dicho de otra manera, la con-ciencia de neón de buena parte de la psicología y espiritualidad modernas siempre nos dejarán pobres de alma.

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