“Lo más importante que aprendí después de los 40 años fue a decir No cuando es No”.
- Gabriel García Márquez
"Amo
el "NO" repetido en mi niñez, en mi adolescencia, por mis padres: el
"NO" suavecito y el "NO" firme; el "NO" irrefutable y el "NO, pero luego
vemos". Me enseñó que el "NO" puede ser una alta forma de dar Amor. Y
que la ausencia de límites puede ser una forma de maltrato infantil: no
educar para frustración de lo que uno desea es garantizar una vida
dolorosa para ese futuro!
Cuando
damos demasiados "SÍ" por no saber ejercer la habilidad de poner
límites, el "NO" es como una flecha que sale de nuestro propio arco y se
impacta en nuestro propio pecho. Es un "NO" que, en vez de decírselo al
otro, NOS LO IMPONEMOS A NOSOTROS MISMOS. Y allí se ha creado el
terreno propicio para que gane terreno el ABUSADOR (que puede ser una
pareja, un jefe, un vecino, nuestro perro o hasta un bebé, pues aun la
buena persona, viendo que nunca decimos que NO, hace con nosotros lo que
no haría con otros: ejerce el abuso por inercia, porque le queda
cómodo, porque nos mostramos inagotables, omnipresentes. (Para serlo, la
única manera es autoanularse, imponerse el "NO" a las propias
necesidades, a nuestras energías, nuestras preferencias, e inclusive
nuestros derechos.)
O
sea: si no pongo límites genero un abusador, y a su vez abuso de mí
hasta agotarme, como un oasis bebido por una tropa de cien camellos.
Por eso el "NO" puede ser tan santo como el "SÍ" para crear orden, para
criar con orden, para ser con otros a partir de la mesura. Comprendo que
cuando digo demasiados "SÍ" y no pongo límites, NO SOY MÁS BUENO: SÓLO
SOY MÁS DÉBIL. Fortalecerse en en arte de poner límites es un trabajo
necesario y un imperativo ético: yo no quiero generar abusadores de
tiempo, de recursos, de energía. Sé cómo ha sido mi modo de generarlos, y
estoy atenta para que no me suceda más. A partir de ello sé que amo
mejor, soy más confiable y más auténtica, porque cuando digo "SÍ" es
porque quiero, no porque tema la reacción del otro ante mi "NO". "
- Virginia Gawel
No hay comentarios:
Publicar un comentario